Sánchez rechaza una reunión con Iglesias como último recurso para salvar la investidura

Los socialistas creen que un Gobierno de coalición acabaría estallando en el corto plazo y daría alas a la derecha

PAULA DE LAS HERASMADRID.

No se vislumbra en el horizonte un último intento de salvar la investidura entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. El presidente del Gobierno en funciones rechazó ayer, durante un largo pleno en el Congreso de los Diputados, celebrar un encuentro con el líder de Unidas Podemos para sortear de tú a tú los escollos que no fueron capaces de superar los equipos negociadores de ambos formaciones en sus reuniones del jueves pasado y el martes de esta semana; una idea lanzada por Iglesias durante el debate. «Si tiene alguna cuestión que plantear, más allá de un Gobierno de coalición - remarcó el líder del PSOE -, convoque la mesa de negociación para explicarla».

Que las cosas han llegado a un punto de no retorno quedó claro ya el día anterior cuando, tras cuatro horas de encierro en una sala de la Cámara baja, la portavoz socialista, Adriana Lastra, y el secretario de Acción Política de Podemos, Pablo Echenique, dieron por concluidas las conversaciones. Pero los líderes de ambas fuerzas terminaron de ratificarlo, a la vista de todos, durante una sesión que, en principio, había sido convocada para que el jefe del Ejecutivo en funciones rindiera cuentas sobre la últimas reuniones del Consejo Europeo en junio y julio y que acabó centrada en la política nacional.

No hubo tono bronco pero sí duros reproches entre ofertas mutuas de mano tendida en realidad carentes de contenido. Porque ni Sánchez ni Iglesias están dispuestos a moverse ya. «Nos hicieron una propuesta en el mes de julio, nosotros hicimos una contrapropuesta -insistió el secretario general de Podemos, en alusión a la oferta de una vicepresidencia social y tres ministerios realizada por el PSOE y a su exigencia de que se incluyeran en el reparto las políticas activas de empleo-. Le propongo que sobre la base de esas dos propuestas nos sentemos a negociar». «No hay una única forma de entenderse -replicó Sánchez-. Permitan con un voto afirmativo que eche a andar un legislatura con un Gobierno progresista que es lo que han votado los españoles».

Para muchos es difícil de comprender que el PSOE se niegue ahora en redondo a dar una mínima posibilidad a algo que veía con buenos ojos hace apenas mes y medio. Desde luego, lo es para Podemos, que reivindica las renuncias realizadas, desde que Iglesias no asuma cargo alguno al veto para ocupar los llamados ministerios de Estado pasando por la aceptación de entrar en el Ejecutivo con una representación inferior a la que proporcionalmente le correspondería en función de los votos del 28 de abril. Pero también el PNV admitió ayer su sorpresa, aunque su portavoz, Aitor Esteban, pusiera a la misma altura la incongruencia de que Iglesias se aferre a lo que en julio consideraba una propuesta «humillante».

Más inestabilidad

En el PSOE argumentan que Sánchez se ha convencido de que un Gobierno con la coalición situada a su izquierda sería tan inestable que podría desembocar en otras elecciones anticipadas en el plazo de un año o año y medio, cuando las circunstancias serían menos favorables para su partido, lastrado por esos choques internos y un PP más armado que el de 2019. «Piensa que con Podemos la cosa podría estallar en cualquier momento, que puede pasar como en Italia con Salvini», insiste un dirigente socialista. «¿Qué garantía hay de que el Gobierno resultante de las elecciones del 10 de noviembre vaya a ser más estable? Eso no lo sabe nadie, pero lo que sabemos es que, en las circunstancias actuales no lo sería», aducen, por otro lado, fuentes de Moncloa.

La referencia de los socialistas al exministro del Interior italiano es llamativa porque Iglesias también aludió a él durante su intervención en el pleno, pero en un sentido opuesto. «La gente no ve bien que alguien trate de adelantar elecciones para obtener ventaja», dijo en relación a la maniobra mediante la cual Salvini trató de tumbar a su Ejecutivo con el objetivo, frustrado por el Partido Demócrata y el Movimiento Cinco Estelle, de convertirse en primer ministro. «Esos dos partidos -añadió sobre los socialistas y la formación de Beppe Grillo- se han tratado con mucha más dureza que ustedes y nosotros; son dos lecciones interesantes que debería tener en cuenta; es preferible siempre un gobierno de coalición a la repetición de elecciones».

En Podemos sostienen que con su actitud al PSOE «le está siendo bastante difícil instalar el relato» de que son otros los responsables de que haya que volver a las urnas. Pero los socialistas fían su posición a la imagen de Iglesias impidiendo el pasado 23 de julio, por segunda vez en tres años, que en España haya un Gobierno socialista. Aunque no sin cautela, recuerdan además que todas las encuestas indican hoy que ellos saldrían reforzados de unos nuevos comicios mientras los morados, que seguirían siendo necesarios para gobernar, continuarían su caída.

Sánchez, en todo caso, no puso el foco exclusivamente en los morados, con los que tarde o temprano parece condenado a entenderse. No en vano, echó sobre las espaldas de toda la Cámara el fracaso de su investidura. «Esto ya no solo depende del Grupo Parlamentario Socialista -argumentó mirando a PP y Ciudadanos-. Depende de los 350 diputados y diputadas que estamos aquí». «Les puedo garantizar que yo no quiero elecciones sino un Gobierno fuerte, cohesionado y coherente que aborde los desafíos que el país tiene por delante», zanjó.

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