Sánchez plantea reformar la Constitución para evitar el bloqueo de la investidura

Sánchez presidió el pasado lunes la reunión de la comisión permanente de la dirección federal del PSOE. :: Luca Piergiovanni / efe/
Sánchez presidió el pasado lunes la reunión de la comisión permanente de la dirección federal del PSOE. :: Luca Piergiovanni / efe

El líder socialista propone que gobierne el candidato de la lista más votada si no hay acuerdo para obtener la confianza del Congreso

RAMÓN GORRIARÁNMADRID.

Pedro Sánchez reconoce que las negociaciones para su investidura están «encalladas», pero no lo atribuye a su mayor o menor pericia negociadora. El problema, a su entender, está en las reglas del juego fijadas en el artículo 99 de la Constitución, una disposición que «no funciona» y hay que cambiarla. El presidente del Gobierno apuntó que la reforma debería permitir que gobierne el candidato de la lista más votada si no hay acuerdos entre otras fuerzas que superen su respaldo.

El líder socialista señaló que «el primer acuerdo de país» que ofrecerá en su discurso de investidura a las demás fuerzas políticas será la modificación del artículo 99, el que fija el protocolo para la elección del presidente del Gobierno. Establece que el candidato debe obtener el respaldo de la mayoría absoluta del Congreso en primera votación, y si no fuera así la mayoría simple, más 'síes' que 'noes', en la segunda. Si tampoco en esa ocasión supera el trámite y transcurren dos meses sin que ningún candidato logre la confianza de la Cámara baja se convocan nuevas elecciones.

«Hay que reformarlo», dijo ayer Sánchez en una entrevista en TVE, porque permite la formación de «coaliciones negativas» que bloquean el proceso y abocan a la repetición electoral. Le ocurrió a él en marzo de 2016, cuando su acuerdo con Ciudadanos fue insuficiente para superar los votos en contra del resto de grupos parlamentarios, un fracaso que desembocó en nuevas elecciones en junio. Una situación que puede repetirse ahora si no llega a un acuerdo con Unidas Podemos.

Es la primera vez que Sánchez lanza esta propuesta, aunque la idea ya la manejaban en privado los socialistas ante el riesgo creciente de una investidura fallida el 23 y 25 de julio. El candidato del PSOE puso sobre la mesa este planteamiento 24 horas después del naufragio de sus tratativas con el líder de Unidas Podemos, y ante las escasas perspectivas de alcanzar un entendimiento en los diez días que restan hasta el pleno de investidura.

Los ayuntamientos

El líder socialista echó mano del mecanismo que existe en los ayuntamientos para evitar los bloqueos. La ley electoral establece que en los consistorios, cuando no hay una candidatura con mayoría absoluta de concejales, se convierte en alcalde el candidato de la lista más votada. Un sistema similar existe en los Parlamentos del País Vasco, Castilla-La Mancha y Asturias para elegir a sus presidentes autonómicos. «No digo que esa sea la fórmula -matizó- pero es evidente que debemos encontrar un mecanismo» que impida las parálisis de las investiduras.

Hasta 2016, la elección del presidente del Gobierno no tropezaba con estas dificultades pero a raíz de la fragmentación del arco parlamentario con la incorporación de Podemos y Ciudadanos, lo que era casi un trámite rutinario se ha convertido en tortuoso proceso. Es la segunda vez que Sánchez pasa por este trance y hace tres años no logró superarlo. Mariano Rajoy se encontró en agosto de 2016 con las minorías de bloqueo, y no consiguió hasta octubre, y gracias a la abstención de 68 diputados del PSOE, hacerse con la investidura. «Ojalá -clamó el candidato del PSOE- esta sea la última vez que ocurra».

Pero la propuesta va a tener difícil abrirse camino. Para empezar, el PP, imprescindible para acometer esta reforma, se resiste a tocar la Constitución. Su líder reconoció el pasado martes que hay que buscar una solución a estos problemas, pero sin modificaciones en la norma fundamental. Pablo Casado apuntó que una buena fórmula podría ser la griega, en la que el partido ganador de las elecciones recibe una prima de 50 escaños que le garantiza una mayoría suficiente para gobernar. Un sistema que permite no tocar la Carta Magna, que fija entre 300 y 400 el número de diputados, y solo requeriría retocar la ley electoral.

Además de esas reticencias políticas, está la dificultad intrínseca de la Constitución, que fija en una mayoría de tres quintos del Congreso el listón para acometer esa reforma. Es decir, se requiere el apoyo de 210 diputados, y el PSOE tiene 123. Necesitaría los 66 que tiene el PP y que se sumara al menos uno de los otros tres grandes grupos restantes. Ciudadanos tiene 57, Unidas Podemos, 42, y Vox, 24. Esa misma mayoría se debería reunir en el Senado, donde los socialistas cuentan con 135 de los 266 representantes y también precisarían de apoyos de otros grupos.

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