Sánchez mete presión a sus socios e irá a la investidura «con o sin apoyos»

Ábalos vuelve a poner en cuarentena la entrada de Podemos en el Ejecutivo e insiste en exigir al PP y Cs la abstención para que la legislatura comience

PAULA DE LAS HERASMADRID.

Pedro Sánchez está dispuesto a ir a la investidura en la primera quincena de julio, como venían apuntando los socialistas, aunque se arriesgue a perderla. El presidente del Gobierno en funciones -que, en principio, ya ha entrado en una fase de conversaciones discretas con los grupos que, como Unidas Podemos, se mostraron abiertos la semana pasada a ejercer de socios de legislatura- sigue sin tener amarrados los votos necesarios para revalidar en el cargo y ayer mandó a través de su secretario de Organización, José Luis Ábalos, un aviso a navegantes: su paciencia no será infinita, someterá su programa a la confianza del Congreso «tenga o no tenga los apoyos».

La advertencia supone un elemento de presión extra sobre el resto de partidos porque fija un límite temporal más o menos explícito (en realidad Ábalos sólo dijo que la investidura será «en breve») que no existe en la legislación. A diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de estatutos de autonomía y en los reglamentos de las cámaras territoriales, el artículo 99 de la Constitución no establece plazo alguno para que el candidato propuesto por el Rey se presente ante los diputados y reclame su aprobación (por mayoría simple en una primera votación o simple 48 horas después).

En la práctica, eso significa que el escogido puede, con el beneplácito del presidente (en este caso, presidenta) del Congreso o entrando en colisión con él, dilatar 'sine die' el momento de hacerlo. Sería una procedimiento cuestionable, pero ya ocurrió en 2016, cuando Mariano Rajoy, entonces presidente en funciones, rehusó la propuesta del jefe del Estado, como líder de la fuerza más votada, porque era consciente de que iría de cabeza a la primera investidura fallida de la democracia.

Repetición electoral

Los socialistas aseguran que no se comportarán de la misma manera por responsabilidad, pero también, admiten fuentes de la dirección, porque creen de este modo se obligará a los partidos a tomar una decisión más consciente de los riesgos que asumen (fundamentalmente una repetición de elecciones si en dos meses desde la primera votación no hay presidente) y será más fácil que rebajen posiciones de máximos en las que ahora se encuentran.

El principal destinatario de la advertencia sería, en este sentido, Pablo Iglesias, que en varias ocasiones ha advertido ya de que no se dejará ablandar por presiones de este tipo y no renunciará a la entrada de su partido en el Gobierno. Ábalos, que la semana pasada no descartó que pueda haber ministros de Unidas Podemos argumentó ayer, en cambio, que el «Gobierno de cooperación» del que habló el líder del partido de extrema izquierda con Sánchez en su primer encuentro oficial para la investidura «no tiene por qué ser en absoluto un gobierno de coalición». Y añadió: «No tenemos que estar entre susto y muerte».

Tan poco convencido está el PSOE de que las cábalas que venía haciendo en la última semana -en la que ya llegaron a asumir una investidura con los apoyos de Podemos, PNV, PRC, Compromís y la abstención de Esquerra- vayan a materializarse que no renuncia a seguir apelando a PP y Ciudadanos para conseguir colchón de seguridad.

Ábalos admitió que la experiencia les demuestra que es mejor no dar por sentado el respaldo de los secesionistas e insistió a los dos principales partidos de la derecha para que se abstengan. Es más, adujo que su deseo es acordar con Podemos una «agenda social» y con estas otras fuerzas asuntos «de carácter nacional» que pueden afectar a las instituciones o a cuestiones como la «unidad territorial».

Más