Sánchez e Iglesias no logran limar sus diferencias sobre un Gobierno de coalición

Sánchez recibe en la puerta de la Moncloa a Iglesias el pasado 7 de mayo, una semana después de las elecciones generales. :: Juan Medina / reuters/
Sánchez recibe en la puerta de la Moncloa a Iglesias el pasado 7 de mayo, una semana después de las elecciones generales. :: Juan Medina / reuters

El secretario general del PSOE y el líder de Podemos acuerdan seguir hablando tras un infructuoso encuentro discreto en la Moncloa

PAULA DE LAS HERASMADRID.

Pedro Sánchez sigue sin lograr avances sustanciales para una investidura que empieza a parecerse al sudario de Penélope (lo que tejía por el día lo destejía por la noche). El presidente del Gobierno en funciones y el secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, se reunieron ayer en la Moncloa para empezar a concretar en qué debe traducirse el «gobierno de cooperación» que ambos acordaron forjar la semana pasada. No fue posible. Es más, fuentes socialistas aseguran que las posiciones están por el momento «muy alejadas».

El problema de fondo, en realidad, no ha variado. El líder de Unidas Podemos insiste en que se debe dar entrada a dirigentes de su formación en el Ejecutivo. Sánchez se resiste. El secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, llegó a decir hace unos días que no había que descartar que finalmente esa incorporación se produzca, aunque sólo unas horas después matizó que ese asunto depende exclusivamente del jefe del Ejecutivo. Y ya ayer añadió que un gobierno de cooperación no tiene por qué ser «en absoluto» un gobierno de coalición.

Los socialistas esgrimen que, dado que con Unidas Podemos tampoco sumarían los escaños suficientes como para garantizarse una legislatura estable, lo lógico es formar un Gobierno «autónomo», de socialistas pero con independientes, capaz de alcanzar acuerdos a un lado y al otro del arco parlamentario. Ábalos argumentó, de hecho, que su deseo es acordar un programa social con Iglesias y entenderse con partidos como PP y Ciudadanos en cuestiones institucionales o, llegó a subrayar, en lo que afecte a la unidad territorial del Estado.

«Socio preferente»

Podemos, en cambio, sigue apelando al modelo de gobierno alcanzado en la Comunidad Valenciana por PSPV, Compromís y Unides Podem, en el que Ximo Puig cedió una vicepresidencia segunda a la formación. Pero, en todo caso, ni unos ni otros dan nada por perdido. El PSOE aseguró ayer, después de que 'eldiario.es' adelantara que se había producido ya un primer encuentro discreto entre el jefe del Ejecutivo en funciones e Iglesas, que mantiene la «máxima disposición al entendimiento» y que aún considera a Podemos su «socio preferente» y los de Iglesias avanzaron que ambos partidos «se reunirán mucho en estas próximas semanas».

El problema para Sánchez es que tampoco las cosas parecen más despejadas en otros frentes. Hasta ahora el único apoyo que ha conseguido amarrar en los más de cincuenta días transcurridos desde las elecciones generales ha sido el del diputado del Partido Regionalista de Cantabria. Y Esquerra Republicana de Catalunya, que inicialmente se mostró muy dispuesta a «no bloquear» la investidura, ha vuelto a la estrategia de condicionar su posición política a cuestiones que pertenecen al ámbito de la justicia. Ayer, el portavoz del partido en el Parlamento catalán, Sergi Sabrià, reclamó como «gesto» que la Abogacía del Estado demande la puesta en libertad de los presos preventivos del 'procès'.

Lejos de atender a esa petición, los servicios jurídicos del Estado, dependientes del Ministerio de Justicia, instaron el lunes al tribunal que entiende del caso a desestimar los motivos aludidos por las defensas para pedir las excarcelaciones -que la vista oral ha finalizado y que tienen arraigo familiar que disminuye el riesgo de fuga-, y recordaron que aún no ha acabado el proceso penal, ya que está pendiente la sentencia, y alegaron que dejar a los procesados en libertad podría poner en riesgo la ejecución del fallo.

La 'vía navarra', que permitiría a los socialistas prescindir de la abstención de Esquerra, tanbién sigue enormemente difuminada. UPN condicionó su respaldo a Sánchez a que se permita gobernar a la coalición que formó con PP y Cs, Navarra Suma, en la comunidad foral. El sábado, los socialistas facilitaron al votarse a sí mismos que el Ayuntamiento de Pamplona fuera a parar a sus manos y no a las de EH Bildu, aunque los foralistas exigían una abstención y no aceptan ese paso como un gesto de buena voluntad. Hoy se elige la Mesa del Parlamento navarro y todas las miradas estarán pendientes en si se produce algún tipo de alianza entre el PSN, Geroa Bai, Izquierda-Ezquerra y la izquierda abertzale.