Sánchez echa el freno a un acuerdo que obligaría a depender de Bildu en Navarra

Los socialistas creen que el PNV no condicionará su voto en la investidura a lo que ocurra en la comunidad foral pese a la advertencia de Egibar

PAULA DE LAS HERAS

Madrid. La historia se repite. La secretaria general de los socialistas navarros, María Chivite, se topó ayer de la noche a la mañana con que la dirección federal del partido no apoya ya su intención de convertirse en la próxima presidenta de la comunidad foral previo pacto con Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra. Para tener éxito, la operación exigiría la abstención de Bildu y en Ferraz sostienen que eso es algo que no les «gusta».

La advertencia, anticipada en la noche del domingo por 'El Confidencial', pone a Chivite en una posición incómoda. Los socialistas navarros, con 11 diputados de un Parlamento en el que la mayoría absoluta se sitúa en 26, son la llave para la formación de cualquier Gobierno, pero por activa y por pasiva se han comprometido a no permitir gobernar a la derecha, que se presentó a los comicios unida bajo las siglas de Navarra Suma y alcanzó 20 escaños (16 de UPN, 2 del PP y otros dos de Ciudadanos). «No vamos a darle nuestros votos; no es no», insistió airada el pasado viernes la dirigente, emulando al propio Pedro Sánchez en 2016.

En el PSOE argumentan que el portazo a un acuerdo «de progreso», atribuido personalmente al presidente del Gobierno en funciones, es congruente con la posición que se exige a los demás. «No parece muy lógico reunirse con Macron en París para disuadir a Ciudadanos de que llegue a acuerdos de Gobierno que impliquen a Vox y acto seguido aceptar tú los votos de los herederos de Batasuna», apuntan. Algo así dio a entender también el secretario de Organización del partido, José Luis Ábalos, en una entrevista en la Ser, al día siguiente de las elecciones: «No tenemos ninguna voluntad de buscar una fórmula de gobierno que contenga a EH-Bildu», dijo.

Lo paradójico es que, pese a esa cautela inicial, desde Ferraz y desde Moncloa se dio carrete durante toda la semana pasada a la apuesta de la secretaria general de Navarra. El mismo Ábalos reivindicó para Chivite el jueves la presidencia de la comunidad foral y el viernes la portavoz del Ejecutivo, Isabel Celaá, insistió en que sería una «buena» gobernante autonómica.

Pulso

Las negociaciones con el resto de los grupos debían iniciarse este miércoles con Uxue Barkos, la presidenta en funciones y candidata de Geroa Bai, y, en principio, los socialistas navarros aseguran que no darán marcha atrás. Pero si hay pulso nadie duda de quién ganará. «Le han doblado el brazo a Susana Díaz ¿no se lo van a doblar a ella?», dice un exdirigente regional. «Tienen que tener en cuenta que no es sólo un problema de investidura, es que Bildu sería necesario durante toda la legislatura».

Algunas fuentes, en todo caso, abogan por no dar nada por definitivo y esperar. En la dirección del PSOE, con un papel destacado en la comisión de pactos postelectorales, se sienta el navarro Santos Cerdán, que ha ejercido como secretario de Organización adjunto (o casi 'de facto') durante los meses en los que sus atribuciones como ministro de Fomento impedían a Ábalos dedicar atención plena al partido. En el PSN defienden que es ahora o nunca. «No nos puede volver a pasar como hace doce años; el partido tardó muchísimo en recuperarse de aquello», dicen.

«Aquello» fue la crisis en la que se sumió la formación después de que José Luis Rodríguez Zapatero impidiera al entonces secretario general del partido en Navarra, Fernando Puras, alcanzar un pacto de gobierno con Nafarroa Bai. Pero no es el único sacrificio que recuerdan los socialistas navarros. En 2014 también el entonces vicepresidente Roberto Jiménez fue obligado a claudicar por la ejecutiva federal, entonces dirigida por Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando quiso impulsar una moción de censura contra Yolanda Barcina (por un supuesto caso de corrupción luego desestimado por el Tribunal Supremo). Como ahora, era necesario el concurso de Bildu, aunque Jiménez se había comprometido a convocar elecciones de inmediato. «Nos dejan vendidos», argumentan.

Si se consagra el veto, Sánchez tendrá que lidiar con el PNV, aunque en la dirección del PSOE se muestran poco inquietos por su reacción. El pasado martes, Joseba Egibar, presidente del partido en Guipúzcoa advirtió de que Navarra «condicionaría» su postura en la investidura, pero fuentes socialistas creen que, a la hora de la verdad, Andoni Ortuzar priorizará su influencia «en Madrid» y la posibilidad de negociar Presupuestos y leyes desde una posición de fuerza en la que sus seis escaños resultan clave. «Les ha ido muy bien en estos últimos años y la alternativa es un Gobierno de PP, Vox y Ciudadanos», subrayan.