Puigdemont presidirá el Consejo de la República desde Bruselas

El exconsejero Raül Romeva sale de una reunión de Junts per Catalunya en el Parlament. :: marta Pérez / efe/
El exconsejero Raül Romeva sale de una reunión de Junts per Catalunya en el Parlament. :: marta Pérez / efe

La Cámara catalana vota hoy una enmienda de la CUP para ratificar la declaración de independencia del 27 de octubre

CRISTIAN REINO

barcelona. El independentismo pretende configurar una especie de gobierno catalán en el exilio desde el que se propone desarrollar la república declarada el pasado 27 de octubre. Al frente de este entramado entre simbólico y político estará Carles Puigdemont, que, según los planes del secesionismo, el próximo lunes sería elegido presidente del autodenominado Consejo de la República.

La CUP ha trasladado a sus bases el principio de acuerdo al que han llegado JxCat y Esquerra, que será sometido a votación en el consejo político de los anticapitalistas de este sábado. Este documento habla de una estructura institucional en Bruselas que actuaría en paralelo a la Generalitat en Barcelona, y que estará integrada por tres entes agrupados bajo un paraguas denominado Espacio Libre de Bruselas, que también echaría a andar este próximo lunes.

La primera entidad es la Asamblea de Representantes de la República, constituida por diputados secesionistas, alcaldes y miembros de la sociedad civil. Su función será hacer un seguimiento del Consejo de la República, formado a su vez por siete miembros -tres de JxCat, tres de ERC y uno de la CUP-. Este órgano tendrá la tarea de elegir a un presidente, que será Puigdemont. El presidente del Consejo de la República tendrá un papel entre «institucional» y «político», según explicó Artur Mas, que reclamó que no reste competencias ejecutivas al presidente de la Generalitat.

Puigdemont tendrá la facultad de convocar la Asamblea de Representantes de la República, asumirá la representación internacional de la causa catalana e «impulsará políticas concretas y los consensos necesarios para materializar la República».

Se trata de llegar a un acuerdo, según reveló el expresidente de la Generalitat el martes en la ciudad belga de Gante, que permita «seguir desplegando la República y seguir gestionando un gobierno autonómico». Esta última tarea, la de la gestión del día a día, es la que le corresponderá al Ejecutivo de la Generalitat, cuyo presidente podría ser investido la próxima semana, según los planes de los independentistas.

Puigdemont dejó entrever en el acto de Gante su renuncia a ser el presidente de la Generalitat. Artur Mas, de hecho, cerró ayer el paso a su sucesor -«no puede ser presidente, porque si regresa a Cataluña lo detendrán»- y le instó a que proponga un candidato alternativo. «Yo -recordó- propuse a Puigdemont. A Puigdemont le tocaría proponer a alguien». ¿Podría ser Jordi Sánchez el elegido? Mas le dio su bendición.

Pero en cambio, el expresidente de la ANC, en prisión provisional en Soto del Real, genera dudas en la CUP porque los anticapitalistas desean un gobernante que plante cara con firmeza al Estado y recuerdan que Sánchez, en su última comparecencia ante el juez, dijo que renunciaría al escaño si JxCat y Esquerra retoman la vía unilateral.

Una broma autonomista

La CUP, precisamente, ha irrumpido con paso firme en el tramo final de la negociación de la investidura y se propone no ser un mero testigo en las conversaciones, que es lo que ha sido hasta la fecha. JxCat y Esquerra han llevado el peso y apenas han consultado con la izquierda radical. Los anticapitalistas, imprescindibles para que el secesionismo sume la mayoría absoluta en la Cámara catalana, quieren dejar su impronta, como hicieron en la pasada legislatura, y han forzado que el Parlamento de Cataluña vote hoy un texto que «reitera y reafirma» la declaración de independencia del 27 de octubre. Se trata de una enmienda presentada a la propuesta de resolución con la que neoconvergentes y republicanos quieren restituir y legitimar simbólicamente a Puigdemont. El pleno votará también textos del PSC, Ciudadanos y los comunes.

Está por ver si JxCat y ERC apoyan la enmienda de los cuperos, que de entrada ya se han anotando un tanto al conseguir que su texto fuera aceptado por la Mesa de la Cámara con el apoyo de neoconvergentes y republicanos y el rechazo de Ciudadanos y PSC.

Los letrados de la Cámara advirtieron ayer de que la admisión a trámite de la enmienda puede chocar contra la doctrina del Tribunal Constitucional, con el consiguiente riesgo de querella para Roger Torrent y los otros tres miembros secesionistas de la Mesa. El presidente del Parlamento autonómico dio ayer un giro en la línea que mantenía hasta ahora de no poner en peligro penal a los miembros de la Cámara.

Pero todo forma parte de la partida de póquer que juegan las fuerzas independentistas en la negociación. JxCat y Esquerra buscan legitimar a Puigdemont para que empiece a rodar el balón de la legislatura. Pero para la CUP la propuesta de resolución que han puesto ambas formaciones sobre la mesa es una «broma autonomista» que no piensan respaldar, con lo que dejarán al secesionismo sin mayoría absoluta si consuman su amenaza.

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