La presión independentista sobre Colau se radicaliza en la semana de la investidura

CRISTIAN REINO

barcelona. La presión a Colau va a más. Mientras el independentismo carga desde todos los frentes contra la alcaldesa de Barcelona para que desista en su intención de repetir en el cargo, la sede de Barcelona en Comú amaneció ayer con manchas amarillas y con pintadas contra la dirigente de los comunes. Es la primera vez que ocurre y busca situar a la alcaldesa ahora en funciones en el bando de los constitucionalistas, hasta la fecha los destinatarios de estas agresiones independentistas.

Esta presión callejera se une a la de los dirigentes secesionistas y desde el entorno de Junqueras advirtieron ayer a Colau de que no le van a perdonar que Maragall no sea el alcalde a pesar de ser el ganador de las elecciones municipales aunque empataran a diez concejales. El exvicepresidente tendió la mano a Colau desde la cárcel de Soto del Real, pero avisó de que Barcelona necesita un ayuntamiento comprometido con los derechos y las libertades. La Generalitat, a su vez, reclamó el domingo una «respuesta de país», si sale adelante «la operación de Estado» para mantener a Colau.

El próximo sábado es el día de la elección y todo sigue en al aire. Aunque Colau se mueve poco a poco. El sábado no rechazó los votos de Manuel Valls y el domingo fue más allá y dijo en la Sexta que «todos los votos que vengan, bienvenidos sean». «Es antinatural», replicó el diputado de ERC Gabriel Rufián. La alcaldesa en funciones apostará hasta el último minuto por un tripartito con ERC y el PSC, aunque ambos ya le han dicho que es «imposible».