Un operativo de seguridad «perfecto» para un «reto inédito»

La inmensa cápsula de la policia alrededor de la manifestación evitó la entrada de radicales o provocadores

MELCHOR SÁIZ-PARDO MADRID.

«Ha sido un operativo perfecto». Los mandos de la Policía Nacional y los responsables de la Delegación del Gobierno no ocultaban a primera hora de la noche de ayer su satisfacción ante la total ausencia de incidentes durante las dos horas que duró la marcha independentista y en las horas previas de la manifestación. Al cierre de esta edición, en el centro de mando seguía sin haber referencia de ningún tipo de problema de orden público. «Era un reto inédito. Nunca nos habíamos enfrentado a una protesta independentista en Madrid y la falta de antecedentes siempre es un riesgo, pero al final el operativo ha sido de diez».

La clave del éxito del operativo, según revelaron las imágenes del helicóptero porque desde el suelo no era visible, fue la inmesa capsula de seguridad en la que los 500 policías nacionales desplegados (300 antidisturbios y 200 de otras unidades) encerraron a los manifestantes para evitar que los temidos radicales de izquierdas y derechas entraran a la marcha para reventarla. Todas las calles adyacentes, amén de la cabecera y la cola de la manifestación, estuvieron selladas por puntos de control. Los agentes solo tuvieron que impedir la entrada a algún «provocador», pero no a los grupos organizados violentos, que aunque estuvieron por la zona, no osaron a acercarse al cordón que se extendió a lo largo del kilómetro y medio del recorrido de la marcha.

Decenas de agentes de paisano de la Brigada Provincial de Información siguieron muy de cerca los movimientos de estos grupúsculos hasta ya caída la noche. La mayoría de los efectivos de antidisturbios y de seguridad ciudadana, ya acabada la manifestación, continuó en las inmediaciones para ir conduciendo a los congregados de vuelta a la estación de Atocha y a los autobuses para evitar una dispersión mucho más difícil de controlar.

Momento y lugares claves

Hubo un momento clave en el operativo: el inicio de la manifestación coincidió con la salida de miles de aficionados del Bernabéu tras el final del encuentro entre el Real Madrid y el Celta de Vigo. Interior estableció una barrera policial para evitar que ambas muchedumbres se juntaran.

Tambien funcionó el blindaje de los dos puntos que la Policía Nacional había designado como prioritarios: el Congreso de los Diputados, por su cercanía a la marcha, y el Tribunal Supremo, más alejado de la manifestación, pero que ya había sido objetivo de acciones reivindicativas de los independentistas poco antes del inicio del juicio del procés.

La única detención durante la jornada no estuvo relacionada con ningún incidente. La policía arrestó en el centro de Madrid a Jordi Alemany, uno de los secretarios nacionales de la Asamblea Nacional Catalana, ya que tenía una orden de detención y puesta a disposición judicial por parte de un Juzgado de Instrucción 4 de Gerona, que el pasado 7 de marzo ordenó su captura por no presentarse para responder por descolgar la bandera española de la fachada de la Delegación de la Generalitat en Gerona durante el primer aniversario del referéndum del 1-O.

Al margen esto, varios representantes de PDeCAT y de otros colectivos denunciaron en las redes sociales el supuesto hostigamiento de la Guardia Civil a varios de los autobuses durante el viaje de Cataluña a Madrid. Según los políticos independentistas, agentes del instituto armado dieron el alto a muchos de los vehículos para reclamar insistentemente la documentación.