La ANC y Ómnium trasladan la fractura del independentismo a la sociedad civil

Las dos entidades separatistas mantienen posiciones discrepantes y han dejado de acudir juntas a convocatorias de protesta

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Durante los años dorados del 'procés', en los que cientos de miles de personas llenaban las calles en las manifestaciones independentistas del 11-S, la ANC y Ómnium Cultural actuaban como una única voz. Eran dos lobis secesionistas que empujaban como un único ariete al Gobierno catalán para que se encaminara hacia la desobediencia, primero con la consulta del 9-N, luego con el referéndum ilegal del 1-O y al final con la declaración de independencia.

Sin embargo, ya hace tiempo que las dos entidades soberanistas, que han ejercido de motor movilizador en el desafío independentista, mantienen posiciones discrepantes y hasta en alguna ocasión han dejado de acudir juntas a una convocatoria de protesta. Con el ingreso de sus líderes en prisión y el obligado relevo en las cúpulas, estas diferencias han ido a más, casi en paralelo con la fractura que se ha producido en el independentismo institucional, entre JxCat y Esquerra en la Cámara catalana. En la sociedad civil, como en los partidos, hay dos visiones sobre cómo afrontar la actual etapa de postproceso y sobre cómo avanzar hacia la independencia.

La ANC ha cogido la bandera de la radicalidad (ante el temor de que los CDR acaben convirtiéndose en los referentes del secesionismo en la calle), insiste en la vía unilateral y tiene mucha prisa. Hace una semana lanzó un ultimátum a Quim Torra: o fija una hoja de ruta clara y meridiana sobre cómo piensa hacer efectiva la república antes del 21 de diciembre o la Asamblea pedirá elecciones. La poderosa ANC, que llegó a situar a Carme Forcadell como presidenta de la Cámara catalana y no estuvo lejos de que Jordi Sànchez fuera investido presidente de la Generalitat, presiona con todo.

Casi al instante, Ómnium se desmarcó de la vía rupturista de sus hasta ahora compañeros de pancarta. La entidad cultural, que ve ahora cómo uno de sus expresidentes (Quim Torra) lleva las riendas del Gobierno catalán, asegura que no está para marcar la estrategia de la Generalitat, sino para generar consensos en el soberanismo, según afirmó el vicepresidente de Ómnium, Marcel Mauri. Esta plataforma, como Esquerra, defiende que es necesario ampliar la base del secesionismo y aboga por la celebración de un referéndum pactado. Es la vía escocesa del independentismo, que se aparta de la vía unilateral. La que plantean Puigdemont, Torra, la ANC y la CUP y los CDR en su grado aún más radical.

Eso sí, la Asamblea no tiene obligaciones de gobierno y se permite elaborar hojas de ruta irrealizables. Además del ultimátum, la entidad presidida por Elisenda Paluzie, que amenaza con dejar el activismo para entrar de lleno en la política presentándose a las elecciones, exige al presidente de la Generalitat que revalide la declaración unilateral de independencia, libere a los presos y active un plan para el control del territorio tras la proclamación de la república. Ómnium, en cambio, lleva meses replanteando sus posiciones y queriendo regresar al ámbito del activismo cultural, donde se ha movido desde su nacimiento en los años 60. La ANC, en cambio, nació con el proceso soberanista y afirma que dejará de existir el día que Cataluña sea independiente.

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