Los nacionalistas logran su mayor cuota de poder en el Congreso

Cuentan con 37 diputados que pueden resultar vitales para la estabilidad de la futura legislatura

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Entre Esquerra, Junts per Catalunya, PNV, EH Bildu, Coalición Canaria y Compromís suman 37 diputados, algo más del 10% del Congreso. Es la mayor presencia nacionalista en el legislativo desde la restauración de la democracia, y esa cuota en una Cámara fragmentada como nunca, dado que al menos habrá nueve grupos parlamentarios, otorga una importante capacidad de influencia.

La alta movilización del nacionalismo en las elecciones del pasado domingo ante el temor a un gobierno conservador de PP, Ciudadanos y Vox dio como resultado que los diputados de las fuerzas identitarias sean más que nunca. Solo en 2011, en plena crisis económica, se produjo una situación similar con 36 nacionalistas en los asientos del Congreso. La horquilla histórica de su presencia en la Cámara baja ha oscilado entre los 21 parlamentarios de la legislatura constituyente de 1977 hasta los 37 de esta. Entre medias, se ha movido en el entorno de los 30 diputados.

El protagonismo histórico ha recaído en la desaparecida Convergència i Unió, aliada tanto de Felipe González como de José María Aznar, y en menor medida en el PNV, que por su menor potencia de fuego parlamentaria -su grupo nunca ha superado la decena de diputados- ha desempeñado un papel de menor relevancia. Aunque en la pasada legislatura la situación se invirtió por la deriva independentista del nacionalismo catalán, que liquidó su capacidad de interlocución en el Congreso durante los mandatos de Mariano Rajoy. El vacío lo cubrió a partir de 2016 el nacionalismo vasco, que primero fue el báculo de Mariano Rajoy para aprobar los Presupuestos de 2018, y una semana después formó parte de la mayoría de la moción de censura que presentó el líder del PSOE.

En la próxima legislatura, el PNV está llamado a mantener esa condición de aliado distinguido mientras Esquerra y JxCat persistan en sus planes soberanistas. No es probable que haya un cambio entre los siete diputados fieles a Carles Puigdemont, pero está en el aire la actitud que vayan a tener los 15 de Oriol Junqueras. Pero al margen del rumbo que adopten los independentistas catalanes, parece evidente que los nacionalistas van a ser una pieza clave para la estabilidad de Pedro Sánchez.

Los diputados socialistas y populares con algunas legislaturas a sus espaldas coinciden en reconocer que los nacionalistas siempre salen a flote y saben defender sus intereses con independencia del quién esté en la Moncloa. Mucho se especuló hace cuatro años con que la irrupción de Podemos y Ciudadanos iba a dejar a las fuerzas identitarias como meros observadores en el Congreso. La realidad ha demostrado todo lo contrario. La incapacidad de PP y PSOE de trenzar alianzas estables con las fuerzas que lideran Pablo Iglesias y Albert Rivera ha dejado a los nacionalistas campo libre para mediatizar al partido en el Gobierno. Lo mismo puede ocurrir a partir de ahora.

Pedro Sánchez quiere gobernar en solitario con apoyos parlamentarios coyunturales. Los socialistas pretenden que estos respaldos provengan, sobre todo, de Unidas Podemos, PNV, Compromís, Coalición Canaria y los regionalistas de Cantabria. Los independentistas catalanes «no son de fiar», ha dicho Sánchez en varias ocasiones; mientras que EH Bildu no entra en los cálculos de complicidades del PSOE, salvo para casos de fuerza mayor, como fue el de la aprobación de algunos decretos leyes en la pasada legislatura.