Marchena protagoniza la sesión más bronca del juicio del 'procés'

El presidente, cansado del desfile de testigos de poca trascendencia, se enzarza con varios comparecientes

M. SAIZ-PARDO

madrid. Tras 43 sesiones y visiblemente cansado de tres semanas de desfile de testigos de poca trascendencia, un Manuel Marchena desconocido estalló ayer y, olvidando sus maneras exquisitas, se enzarzó con varios de los comparecientes de la defensa más beligerante, la de Jordi Cuixart.

Desde hace varios días el presidente venía dando muestras de hastío ante los testimonios recurrentes de comparecientes que en muchas ocasiones, además, trataban de aprovechar su momento de gloria ante el Supremo para hacer valoraciones políticas. Hasta ayer, Marchena había cortado de raíz los discursos con un sonoro «formule otra pregunta» que dejaba al compareciente con la palabra en la boca, pero este martes fue diferente. Su paciencia llegó al límite con la segunda testigo de la mañana, Marina Garcés. La profesora de Filosofía y ensayista apareció divertida ante el tribunal y cuando el presidente le preguntó, como es preceptivo, si conocía a los imputados respondió: «Con Jordi Cuixart tenemos un café pendiente pero está siendo un poco difícil». La frívola respuesta fue demasiado para el presidente, que la puso en su punto de mira.

«La fiebre no tiene ninguna trascendencia jurídica. No me replique. No me hable de su fiebre, hable de cómo fue a votar», le espetó el presidente cuando la testigo refirió que el 1-O estaba con «unas décimas». Pero Garcés no se amilanó. Habló de la «prohibición incomprensible y triste» del referéndum, de que ella «alucinó»el 1-O, de que «las porras rompen muchas cosas, también las que no se ven...».

«Usted no viene aquí para expresar su grado de alucinación o su estado febril, viene a explicar exclusivamente lo que pasó. Sus valoraciones personales no tienen ningún interés. ¡No nos haga perder el tiempo!», zanjó el juez prohibiéndole a la testigo, en mal tono, que siguiera haciendo «apreciaciones emotivas».

La agarrada continuó con otro de los testigos de Cuixart, el abogado Lluís Matamala, miembro de una comisión de letrados para asesorar a los votantes del 1-O. El grupo de abogados llamado a declarar ayer y su actitud enervó al tribunal, pero lo de Matamala casi acabó en 'tarjeta roja' cuando reclamó declarar en catalán, a pesar de conocer que el tribunal ya ha vetado esta opción. «¡Usted va a contestar en castellano. Si no quiere, se levanta y se marcha. Si usted introduce cualquier debate, va a ser expulsado y asuma las consecuencias penales!», le gritó el presidente en uno de los momentos más tensos de estos tres meses.