JxCat y Esquerra activan el plan C para la investidura con Turull como candidato

Turull, junto a los lazos amarillos en los escaños de Sànchez y Junqueras en el Parlament. :: t. albir / efe/
Turull, junto a los lazos amarillos en los escaños de Sànchez y Junqueras en el Parlament. :: t. albir / efe

La CUP mantiene el veto ante el pleno que podría celebrarse la semana que viene y obliga a Puigdemont a renunciar como diputado

CRISTIAN REINO

barcelona. A rey muerto, rey puesto. El presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, comparecerá hoy al mediodía para anunciar que inicia una nueva ronda de contactos de la legislatura para proponer otro candidato a la investidura. Será el tercero en tres meses, en este caso Jordi Turull, después de que Jordi Sànchez comunicase ayer al Tribunal Supremo que renuncia a su acta de diputado y por tanto no puede ser candidato a la Presidencia de la Generalitat. JxCat y Esquerra trabajan con la idea de que el Supremo no excarcelará al exlíder de la ANC.

Ambas formaciones coinciden en que el pleno de investidura (los dos anteriores se tuvieron que suspender por la imposibilidad de asistir de Puigdemont y Sànchez) se celebre antes o durante la Semana Santa, probablemente entre el martes y el jueves de la semana que viene. «No os vayáis de vacaciones», fue la consigna que trasladó Esquerra a su grupo parlamentario. La CUP, en cambio, afirmó que no tiene prisa y que no hace falta correr tanto. Torrent se reunió con la portavoz de JxCat, Elsa Artadi, y el secretario de la Mesa, Eusebi Campdepadrós, y acabó de perfilar todos los detalles sobre la investidura.

Tras dos intentonas fallidas, por primera vez JxCat y ERC están en disposición de poner sobre la mesa un candidato que tiene asegurada su presencia en el pleno de investidura y que garantiza que la sesión parlamentaria pueda celebrarse. Todo hace indicar que la semana que viene la política catalana podría salir del bloqueo en el que está instalada desde hace tres meses. La renuncia de Sànchez y la previsible apuesta por Turull, que las dos formaciones secesionistas aún tienen que formalizar una vez sea oficial la decisión del juez Llarena, no garantizan en cambio una inminente vuelta a la normalidad.

De entrada, porque la elección de Turull aún está en el aire ya que a JxCat y Esquerra no les salen las cuentas y tendrán que negociar hasta el último minuto antes de la votación. En principio, los secesionistas solo pueden contar con el apoyo de la CUP (al menos dos de sus cuatro diputados), en tanto en cuanto los comunes dijeron que no avalarían ni por activa ni por pasiva un candidato de Junts per Catalunya. «O renuncian los dos de Bruselas (Puigdemont y Toni Comín) o nos apoya la CUP», resume un dirigente de Esquerra.

El expresidente ha lanzado algunas señales de que podría dar un nuevo paso al lado, aunque fuentes de su partido lo ven casi imposible. La decisión es de calado pues le dejaría fuera de juego, sin ningún cargo institucional, salvo la simbólica presidencia del Consejo de la Pepública en Bruselas. Fuentes parlamentarias sospechan además que si JxCat quiere reformar la ley de la Presidencia para permitir la investidura telemática es porque Puigdemont tiene intención de volver a intentar ser presidente.

Esa vía es complicada, tanto como el concurso de la CUP. Los anticapitalistas reiteraron ayer que su posición actual es la abstención de sus cuatro parlamentarios. Para cambiar su voto, JxCat y ERC tienen que ofrecer un programa de gobierno «republicano» y dar garantías de que pondrán en marcha un proceso constituyente real que culminará con una constitución y una consulta para ratificarla. Además, como gesto, los antisistema instaron a sus socios a que la Mesa de la Cámara autorice el voto delegado de Puigdemont y Comín, que es tanto como pedir que sus cuatro miembros soberanistas desobedezcan al Tribunal Constitucional y asuman una querella criminal.

La presidencia de Turull, de consumarse, sería además temporal ya que el exconsejero de la Presidencia, que estuvo un mes en prisión por su responsabilidad en los hechos de octubre, tiene una cuenta pendiente con la justicia y es más que probable que acabe siendo condenado al menos a una pena de inhabilitación para cargo público.

Si ocurre, tendría que dejar la Presidencia de la Generalitat. Ocuparía su puesto el que sea número dos del Gobierno catalán, en principio un dirigente de Esquerra, hasta que se convocara un nuevo pleno de investidura, al que entonces sí optaría seguramente Elsa Artadi, que está limpia de causas penales y no tendría obstáculos legales para ejercer su mandato.

 

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