Javier Zaragoza, el azote del independentismo

Bregado en la lucha contra el narco, ETA y el 11-M jamás imaginó que acabaría siendo la cabeza visible de la acusación pública contra el 'procés'

MELCHOR SÁIZ-PARDO

«Actuar al margen de la ley no puede quedar impune». «Pretendieron hacer claudicar al Estado a través de un plan criminal». Las palabras de Javier Zaragoza resonaron ayer entre los muros del Supremo con la misma pasión que su alegatos encendidos arrancaban condenas en la Audiencia Nacional a los narcos gallegos o a los terroristas de ETA.

Dicen quienes lo conocen que Zaragoza, tras 38 años de carrera en primera línea de trinchera, jamás se imaginó volver a la vanguardia y menos para convertirse en el azote del independentismo con peticiones de cárcel a los líderes del procés de hasta 25 años. Pero está encantado y ayer en el Supremo se dejó la piel en rebatir la «falacia de dimensiones colosales» de las defensas y defender que los políticos catalanes que sientan en el banquillo cometieron «rebelión».

Saberse en el centro de la atención mediática no le incomodó nunca a este aragonés. Ya lo estuvo cuando fue fiscal en la Audiencia Provincial de San Sebastián en los años más duros de ETA, cuando llevó el peso de la acusación en el 11-M o cuando estuvo en la diana del crimen organizado como teniente fiscal y luego jefe de la Fiscalía Antidroga en los tiempos en los que, de la mano con el juez Baltasar Garzón, coordinó operaciones como la 'Necora' o investigaciones contra el clan de los Charlines o Sito Miñanco.

Zaragoza, de corte progresista y que llegó a ser nombrado en 2006 jefe de la fiscalía de la Audiencia Nacional por el entonces fiscal general del Estado Cándido Conde-Pumpido, parecía destinado a pasar a un segundo plano cuando abandonó la dirección del Ministerio Público de la calle Génova, pero nada más lejos de la realidad. Su vuelta ha sido con fiscal de sala del Supremo en uno de los juicios más importantes de la historia de España.

Sobre sus espaldas carga la responsabilidad de mantener una acusación pública que no comparte la Abogacía del Estado. Sabe que conseguir una condena de rebelión no le va a ser tan fácil como arrancar decenas de años de cárcel para los terroristas o los narcos, pero si lo consigue también es consciente de que sería un colofón a su carrera del que pocos compañeros podrán presumir jamás. «Nadie está siendo perseguido por sus ideas, sino por sus acciones en 2017», clamó con convencimiento ayer. Veremos si su tesis convence al tribunal y le hace entrar en la historia judicial de este país.

 

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