El independentismo catalán saca músculo y mete máxima presión al juicio del 'procés'

Decenas de miles de personas, hasta un millón, según la Guardia Urbana, ayer en la Diagonal. :: l. g. / afp
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Decenas de miles de personas, hasta un millón, según la Guardia Urbana, ayer en la Diagonal. :: l. g. / afp

«Cerca de un millón de personas» llena la Diagonal para exigir la «libertad de los presos políticos» y «hacer la república»

ADOLFO LORENTE

Barcelona. Hace tiempo que el independentismo catalán dejó de ser flor de una Diada. Su músculo, como ayer volvió a evidenciarse, no flaquea pese a las continuas frustraciones generadas por sus líderes políticos, los mismos que hace un año declararon de forma unilateral una república catalana de la que nada se sabe. Humo. Hay frustración, mucha, pero también una sólida determinación apuntalada en el instinto primario del 'conmigo o contra mí'. El humo siempre nubla la vista, pero ante el «enemigo», siempre hay que cerrar filas con los tuyos, por muchas decepciones que sigan generando. Da igual lo que digan o lo que hagan. Son los nuestros. Se llama fe ciega y en Cataluña se cuenta por cientos de miles, como pudo comprobarse en la manifestación que por la tarde abarrotó la Diagonal pidiendo «hacer la república» y exigiendo la «libertad de los presos políticos y la vuelta de los exiliados».

El 11 de septiembre fue el mejor preludio de ese otoño caliente de movilizaciones que todos barruntan con el juicio del procés en a la vuelta de la esquina. El sol golpeó sin piedad durante toda la jornada, durante la Diada más política que ha vuelto a evidenciar la fractura política y social de una Cataluña de 7,5 millones de habitantes. Ayer, «casi un millón», según la Guardia Urbana (y sólo 200.000 según Sociedad Civil Catalana), se congregaron a lo largo de 6 kilómetros de la Avenida Diagonal. El resto optaron por celebrar esa otra Diada que no vestía la 'samarreta' color coral diseñada para la ocasión, ni portaba esteladas, ni lucía lazos amarillos. Cataluña también es esto.

Ayer, sin embargo, el relato volvió a escribirlo un independentismo que sigue cerrando filas contra el Gobierno español en un contexto «muy grave y absolutamente excepcional por la falta de libertad», como denunciaron los organizadores, la Asamblea Nacional Catalana, que aprovechó la ocasión para dar un doloroso tirón de orejas a sus líderes. «El Parlament debería plantearse si está preparado para sostener la declaración de independencia. Si es para hacerlo como el pasado 27 de octubre, no. Declararla si no la puedes sostener es un error», admitió horas antes de la manifestación Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC. «Cataluña no es una república, es evidente», zanjó.

LAS CLAVES «Es un error declarar la independencia como se hizo el 27 de octubre», admiten desde la ANC «Debe tener valentía para escuchar este clamor; Iremos hasta el final, con todas las consecuencias»

Luego, durante la arenga final del acto, tuvo para todos. Repartió de lo lindo. Primero, arrametió contra la «represión y la violencia» del Gobierno español, un Estado capaz de convertir un derecho, el de votar, en un delito», censuró. Pero también tuvo palabras para las formaciones independentistas, a quienes pidió unidad política para materializar la república en lugar de actuar guiados por los intereses partidistas. «No queremos ser el mito de Sísifo (ensayo de Albert Camus basado en la metáfora de un esfuerzo inútil), no queremos que nos envieis dónde estábamos. Os pedimos que nos tratéis como adultos. Os pedimos rigor» lanzó.

Respecto al juicio del 'procés', advirtió de que lo convertirán en «un bumerán contra el Estado español». Por su parte, el president de la Generalitat, Quim Torra, se ha mostrado «emocionado» con la movilización y ha advertido al presidente del Gobierno que no darán un paso atrás. «Debe tener la valentía de escuchar el clamor de los catalanes, el clamor democrático pacífico y no violento. Y esta es la marcha que iniciamos, que no tiene tope, hasta el final, con todas las consecuencias», zanjó.

Derribar el muro

Desde primera hora de la mañana, el independentismo inundó las calles del barrio Gótico, donde sus bares hicieron su particular agosto. Llegaron más de 1.500 autobuses de todos los puntos de Cataluña con familias ataviadas con el kit del buen independentista. Camiseta, mochila, abanico o una 'samarreta' para niños. Costaba 15 euros, de los que 6 se quedaron en las arcas de la ANC para «seguir haciendo república».

«El coral es un homenaje al color de las bridas de las urnas del referéndum del 1 de octubre, que tenían la función de sellar su los votos y garantizar su seguridad y transparencia de la votación», explican desde la organización. «Está confeccionada y estampada íntegramente aquí», aseguran. Una apostilla nada casual. Los nuestros, ya saben.

La manifestación fue una demostración de fuerza con una particular 'performance' que vivió su momento álgido a las 17:14 horas, en recuerdo de la toma de Barcelona en 1714 por las tropas borbónicas. El silencio se apoderó de la Diagonal. En uno de los extremos, en Glorias, se lanzó un cohete que dio paso a una «ola sonora» que fue avanzando de forma progresiva hasta la zona del Palacio Real, donde un muro con diferente simbología como el artículo 155 o un naipe con el rey al revés y la fecha del 3 de octubre (fecha del discurso de Felipe VI), fue derribado «gracias a la fuerza de la gente, que es la que implementará la república catalana».

Los gritos de «independencia», «libertad para los presos políticos» o «ni un paso atrás» dominaron la partitura de una manifestación en la que pudieron verse muchas ikurriñas y banderas escocesas. Este tipo de movilizaciones son el paraíso del 'merchandising'. Cualquier cosa que uno pueda imaginarse, allí estaba. Por cierto, no había banderas de la Unión Europea, el club del que los independentistas quieren formar parte, pero sin estar a rebufo de España. Nada de banderas, pero sí críticas por los «vergonzosos silencios» de Bruselas.

Ada Colau, con lazo amarillo

El final de la movilización estuvo protagonizado por un rosario de intervenciones, como la del abogado de la consejera huida a Escocia, Clara Ponsatí. «Franco estaría orgulloso de esta España», zanjó entre vítores. Barra libre. Aamer Anwar llegó a decir que el Gobierno sacó «tanques a la calle».

Desde 2012, la manifestación convocada por la ANC domina el relato de una Diada que la oposición constitucionalista no considera suya. Ni Ciudadanos ni el PP participaron en la agenda floral al monumento de Rafael Casanova que se celebró a partir de las nueve de la mañana. Sí lo hizo el PSC o los comunes con Ada Colau al frente. La alcaldesa de Barcelona no acudió a la manifestación, pero sí portó el lazó amarillo. «Como cargo institucional, es mi obligación mencionar las ausencias. Será imposible desbloquear la situación con esta gente en la cárcel», advirtió.

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