Iglesias aspira a ejecutivos de coalición

Como a nivel nacional, la coalición izquierdista exigirá al PSOE entrar en ayuntamientos y gobiernos regionales a cambio de su apoyo

ANDER AZPIROZ MADRID.

La espada de Damocles se cierne sobre Unidas Podemos el 26-A. Y es que la línea que separa el éxito del fracaso en estos comicios es muy fina. El objetivo prioritario de la coalición entre Podemos, Izquierda Unida y Equo es mantener los bautizados como «ayuntamientos del cambio», en los que gobierna desde 2015. No lo tendrá fácil en muchos de ellos. Primero porque el centro-derecha amenaza, esta vez sí, con sumar los concejales suficientes para arrebatar a la izquierda un buen puñado de bastones municipales. Y, segundo, porque el alza del PSOE podría relegar a las listas de Unidas Podemos a la segunda posición en la izquierda, lo que llevaría a los socialistas a reclamar las alcaldías que han apoyado desde un segundo plano los últimos cuatro años. Otro factor determinante será comprobar el impacto de las rupturas internas, especialmente en Zaragoza, donde el regidor Pedro Santiesteve se presenta al margen de Podemos; o las ciudades gallegas, en las que el divorcio con las Mareas se tradujo en una pérdida de tres diputados el 28-A. Tras la decisión de no presentarse en Madrid para no competir con Manuela Carmena, retener Barcelona se presenta como la prueba de fuego para Podemos y sus aliados.

A nivel autonómico, el morbo está servido. Los de Iglesias se miden al nuevo partido de Íñigo Errejón. Con los socialistas en cabeza en todas las encuestas, Unidas Podemos y Errejón pelearán por erigirse en segunda fuerza de la izquierda. Pero el duelo va más allá: el electorado dictará sentencia sobre quién tiene razón en la pugna entre Pablo Iglesias y su exnúmero dos.

Coaliciones

En el resto de los parlamentos autonómicos el reto de Unidas Podemos pasa por obtener los suficientes diputados para que, siempre que la izquierda sume, reclamar entrar en los gobiernos presididos por el PSOE, como hace a nivel nacional. En 2015 Podemos rehusó formar parte de los ejecutivos regionales, aunque apoyó todas las investiduras posibles de los candidatos socialistas. Por aquel entonces, Iglesias iba al alza y no quería mezclarse con un PSOE al que calificaba como casta. Pero ahora las tornas han cambiado y los morados están necesitados de gestionar poder para demostrar que saben gobernar.

Europa es un objetivo secundario, aunque la espantada de Pablo Bustinduy, el candidato elegido en primarias que renunció al puesto el pasado marzo, puede lastrar más de lo previsto las opciones de Unidas Podemos en la Cámara, la misma que le permitió entrar por la puerta grande en la política española.