72 horas para poner punto final en diferido a diez años en la cúpula

M. E. ALONSO MADRID.

María Dolores de Cospedal nunca imaginó un final político tan amargo. La ex secretaria general del PP, que hace tan solo unos meses peleaba por hacerse con las riendas del partido, ha visto cómo en apenas 72 horas se le cerraban todas las puertas de la calle Génova.

Lunes 5 de noviembre: La exnúmero dos de los populares se reunía a primera hora con su sucesor, Teodoro García Egea, y con el responsable de Organización, Javier Maroto, para ultimar un comunicado «conjunto» mediante el que renunciaba a su puesto en el comité ejecutivo nacional. Pero era una renuncia a medias, mantenía su acta como diputada por Albacete. «Es persona e intransferible», justificaron en la cúpula del PP.

Cospedal quería tiempo para tener una salida airosa y no vincular su final político con las escuchas del comisario Villarejo. «No tengo nada que ocultar», decía mientras aseguraba que Pablo Casado no le había pedido que abandonará su escaño.

Martes 6 de noviembre: El líder del PP suelta amarras con la que fue su gran apoyo en la segunda vuelta de las primarias y le enseña la puerta de salida. Entiende que el compromiso de su partido «con la rendición de cuentas debe ser absoluto» incluso con aquellas prácticas que, sin ser delito, «no sean ejemplares».

Miércoles 7 de noviembre: Tras perder la confianza de Casado, la expresidenta del PP en Castilla La Mancha da un paso atrás y confirma la renuncia a su acta. En su adiós, defiende su actuación, unas maniobras que la dirección del PP tachó de «inaceptables».

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