La rectificación del ministro tatuado

Marlaska, con su tatuaje en el Día del Orgullo Gay./Efe
Marlaska, con su tatuaje en el Día del Orgullo Gay. / Efe

Marlaska ordena a la Dirección de la Guardia Civil retirar el proyecto que obligaba a los agentes a eliminar sus grabados en tres meses

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Fernando Grande-Marlaska apagó este martes un incendio que amenazaba con crear un problema sin precedentes en la siempre disciplinada Guardia Civil. El ministro ordenó a la dirección del instituto armado retirar 'ipso facto' su proyecto de «normas de aspecto físico» que, entre otros muchos aspectos, no solo prohibía los tatuajes de cualquier tipo visibles con el uniforme, sino que -según su última redacción presentada el pasado lunes- obligaba a los funcionarios a eliminar con cirugía sus grabados en un plazo de tres meses.

El nuevo borrador de la orden, todavía más duro que el presentado durante la época de Juan Ignacio Zoido, provocó la reacción airada e unánime de las cinco asociaciones del cuerpo, pero también de buena parte de la jefatura de la institución, indignada personalmente con el ministro. Las fotografías de Grande-Marlaska luciendo orgulloso un visible tatuaje (una suerte de pulsera con símbolos y letras en su muñeca derecha) circularon ayer en todos los cuarteles. Con ese grabado, explican en el cuerpo, Grande-Marlaska jamás podría haber entrado en la Guardia Civil y ahora podría ser sancionado sino recurría a la cirugía para hacerlo desaparecer.

Sea como fuere, el proyecto que finalmente ha vetado el exjuez tatuado (y que ahora deberá ser redactado de nuevo), era, cuanto menos, llamativo. Aunque no se vieran, estaban también prohibidos los tatuajes que contuvieran, a criterio de los jefes, «figuras, expresiones o dibujos contrarios a los valores constitucionales y las virtudes militares», que «atentaran contra la disciplina, la imagen de la Guardia Civil y las autoridades del Estado» o que fueran «obscenos».

Los demás grabados estaban autorizados pero no podían ser visibles con cualquiera de las modalidades de uniformes del cuerpo, incluidos los de verano (manga corta). La solución propuesta por Interior era directamente la cirugía para «eliminarnos de forma permanente». En 90 días, según el proyecto, todos fuera. Sino, el agente tenía que hacer una declaración jurada de sus tatuajes (visibles o no visibles) y arriesgarse a una sanción.

Para los 'tatus' menores (y permitidos) la Guardia Civil también estaba dispuesta a admitir la ocultación con «apósitos y vendas de compresión que tengan un color similar al de la propia piel o del uniforme».

Pero más allá de los tatuajes, la normativa ahora vetada aspiraba a regularlo todo. Ni perforaciones, ni aros ni dilataciones. Por supuesto quedaba absolutamente prohibido el maquillaje, «salvo por razones médicas» para ellos. Y nada de peinados creativos. Ni en ellos ni en ellas. «El color deberá ser natural y, en el caso de aplicarse tinte en el pelo, este será acorde con los colores naturales del mismo». Nada de cortes «irregulares del cabello tales como, escalones, o trasquilones». Y vedadas las rastas o las «trenzas étnicas».

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