Las esteladas inundan el centro de Madrid

La manifestación 
independentista rodea la 
madrileña plaza de Cibeles, 
donde concluyó la marcha. 
:: f.J GUILLÉN / efeTorra saluda a algunos asistentes a la marcha. ::  efePancarta con el rostro del exconsejero Turull. ::  efe/
La manifestación independentista rodea la madrileña plaza de Cibeles, donde concluyó la marcha. :: f.J GUILLÉN / efeTorra saluda a algunos asistentes a la marcha. :: efePancarta con el rostro del exconsejero Turull. :: efe

El independentismo se manifiesta por primera vez en la capital en defensa del derecho a la autodeterminación y para reclamar la libertad de los políticos presos

CRISTIAN REINO

El independentismo catalán lleva años reivindicando el derecho de autodeterminación. En el Parlamento catalán y en las instituciones del Estado. Tres dirigentes soberanistas (Jordi Turull, Marta Rovira y Joan Herrera) lo defendieron en 2014 en el Congreso de los Diputados. Los tres últimos presidentes catalanes (Mas, Puigdemont y Torra) han reclamado un referéndum acordado en sus reuniones con Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Pero nunca hasta ahora el movimiento secesionista había llevado su clamor a Madrid, la capital del Estado del que se quiere separar. Miles de catalanes viajaron ayer a la capital de España para avisar de que el proceso secesionista no tiene vuelta atrás y por extensión para defender el derecho de autodeterminación y cargar contra el juicio del 'procés' en el Supremo, que califican como una «farsa» y una «venganza».

Se trata de la mayor manifestación celebrada nunca por el soberanismo en Madrid. Las grandes marchas comenzaron en 2012, año en que arrancó el proceso secesionista y lo hizo con una gran protesta a la que asistieron cientos de miles de personas. «Esta manifestación ha sido como las de siempre, con la diferencia de que es en Madrid. Hoy (por ayer) hemos hecho historia», destacó un dirigente de Esquerra, candidato a las elecciones generales. La ANC y Ómnium Cultural, cuyos dirigentes están en el banquillo de los acusados en el Tribunal Supremo, se habían propuesto superar las 45.000 personas que acudieron a la manifestación que el PP, Ciudadanos y Vox organizaron en la plaza de Colón hace un mes. Según sus estimaciones, ayer acudieron unas 120.000 personas. La Delegación del Gobierno rebajó la cifra a 18.000 las personas que marcharon por el paseo del Prado, entre Atocha y Cibeles, y pasaron muy cerca, a escasos metros, del Congreso. La imagen del paseo del Prado teñido de amarillo y esteladas forma parte ya de los hitos del imaginario secesionista.

GUERRA DE CIFRAS

Sin grandes apoyos estatales

Entre los participantes, buena parte de la plana mayor institucional, con Quim Torra y la mitad de su Ejecutivo a la cabeza, además de Roger Torrent, presidente del Parlament, el expresidente Artur Mas, y representantes de las formaciones soberanistas. Con su desembarco en la capital, el independentismo buscó también la complicidad de formaciones del resto de España. Una cuarentena de entidades se sumaron, pero ninguna de las cuatro grandes fuerzas políticas de ámbito estatal. Sí lo hicieron grupos como Izquierda Unida de Madrid, EH Bildu o el BNG. Fuentes secesionistas criticaron la ausencia de Podemos. Si acudieron dirigentes de los comunes.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, hizo una llamada al Estado español a que «escuche este clamor de libertad». «Mira en qué has fallado España para que tanta gente esté apelando al derecho de autodeterminación», remató. Torra avisó al Gobierno central que el secesionismo «no va a parar hasta conseguir la libertad de los presos políticos y exiliados y hasta que el derecho de autodeterminación sea respetado y ejercido». El vicepresidente de Ómnium Cultural, Marcel Mauri, también hizo una llamada a la sociedad española: «Que escuche este clamor. Apoyar la autodeterminación es defender la democracia de España». Y al presidente del Gobierno, le pidió que rectifique e inste a la Abogacía del Estado a que retire los cargos y busque una solución al conflicto catalán. «Si no lo hace, será cómplice de la extrema derecha», exageró.

A pesar de todo lo que ha pasado en el último año y medio, en que se le prometió el nacimiento de un nuevo Estado casi de la noche a la mañana y aunque la tropa independentista tenga que reconocer que se ha sentido más o menos engañada por sus líderes, la reivindicación del derecho de autodeterminación ha calado hondo en una parte importante de la sociedad catalana. La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, pidió al movimiento que siga «perseverando» y que aproveche cada oportunidad que se le presente para denunciar lo que calificó de juicio «farsa» y para afirmar que la autodeterminación no es un delito, sino un derecho. Fuentes del independentismo, en cualquier caso, admitieron que a pesar de las apelaciones a que se escuche la voz de los catalanes, «caerá en saco roto».

La Constitución

Fuentes del Gobierno central salieron al paso antes para señalar en declaraciones a la agencia Efe que «dentro de la Constitución, todo, fuera de ella, nada». «La misma democracia que protege la libertad de quienes se manifiestan hoy (por ayer), es la que juzga a quienes se saltan sus normas. La democracia y sus normas tienen que ser igual para todos», apuntaron fuentes de la Moncloa.

Para el independentismo es un discurso vacío, y ayer pidió una solución al Estado. Salió en apoyo de los presos y dijo en la muy madrileña plaza de Cibeles, donde el Real Madrid celebra sus títulos, y muy cerca de la plaza de la Independencia, que la autodeterminación «no es un delito». Hizo la mayor exhibición de fuerza de su historia en la capital de España. «¿Y ahora qué?», se preguntaban muchos de los que se pegaron una paliza para coger el autobús a las seis de la mañana, comerse ocho horas de carretera, pasar el día bajo el sol madrileño y enfilar camino a casa a las diez de la noche.

Porque para protestar, el independentismo enseña su mejor cara. Comparece unido, cohesionado y parece un colectivo sin fisuras. Sin embargo, desde hoy mismo los diferentes sectores empiezan una carrera electoral y una lucha sin cuartel por la hegemonía del soberanismo que mostrará su mayor debilidad: la falta de unidad. Más allá de pedir libertad, amnistía y la autodeterminación para la autonomía (todo el acto de ayer rezumó un ligero aroma a Transición), las fuerzas secesionistas no saben cómo hacer avanzar el proceso soberanista que está siendo juzgado en el Supremo.

Esa falta de unidad se hará más patente en el Congreso, donde cada una de las opciones en liza (ERC, JxCat y Front Republicà) acudirá con una idea distinta. Esquerra apuesta por hacer política, mientras que los otros dos se decantan por el bloqueo de la gobernabilidad. En Cataluña, los republicanos piensan en nuevos aliados en la izquierda. Y en el horizonte más inmediato está la respuesta a la sentencia. Quim Torra, con la presión de la ANC, querría volver a octubre de 2017, mientras los republicanos y Ómnium, le piden una respuesta que implique al 80% de la sociedad, lo que debería excluir opciones rupturistas.

personas asistieron a la manifestación en el centro de Madrid, según los cálculos que hizo públicos ayer la Delegación del Gobierno.

manifestantes fueron los defensores del proceso secesionista que ayer salieron a la calle, según las estimaciones de los organizadores de la marcha.

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