Esquerra y EH Bildu se inclinan por facilitar la investidura del líder socialista

Las dos formaciones soberanistas instan al presidente del Gobierno a que se avenga al diálogo y la negociación

CRISTIAN REINOBARCELONA.

El independentismo toma posiciones de cara a la investidura española. Esquerra Republicana y EH Bildu, formaciones que suman 19 diputados en el Congreso, aunque tendrían 18 votos porque Junqueras está suspendido, pactaron ayer una posición conjunta en la votación para elegir al presidente del Gobierno, cuya fecha se conocerá el próximo 2 de julio tras la reunión entre el candidato socialista y la presidenta del Congreso.

ERC y EH Bildu celebraron ayer una reunión en la sede de la formación republicana en Barcelona. Al encuentro acudieron Pere Aragonés, Gabriel Rufián, Marta Vilalta, Sergi Sabrià y Carolina Telechea, por parte de Esquerra. Mientras que la delegación de EH Bildu la integraron Arnaldo Otegi, Maddalen Iriarte, Mertxe Aizpurua y Gorka Elejabarrieta. Ambas formaciones, que ya sellaron antes de las elecciones un «acuerdo de coordinación estratégica» y concurrieron juntas en las europeas (junto al BNG), apuestan por una abstención en la investidura de Pedro Sánchez, según fuentes próximas a la reunión celebrada ayer, lo que podría allanar su investidura en función de lo que hagan Podemos y el PNV.

Hasta la fecha, los dos partidos habían realizado aproximaciones similares a su postura en la votación de investidura. «No seremos responsables de unas segundas elecciones», pero «no daremos un cheque en blanco», afirmó Gabriel Rufián, jefe de filas de ERC en el Congreso y el que está llevando los contactos (oficiales y discretos) con los socialistas. «No vamos a permitir el acceso de la extrema derecha al Gobierno del Estado español. Lo que rige nuestra posición es no bloqueo, no cheques en blanco», aseguró Arnaldo Otegi en TVE.

Ambas fuerzas se inclinan por la abstención, pero hasta que la anuncien de manera oficial, quieren presionar al presidente del Gobierno para que mueva ficha. En la misma noche electoral, fuentes muy próximas a Oriol Junqueras dieron por hecha la abstención «gratis» con el único objetivo de que Sánchez no gobierne de la mano de Ciudadanos, lo que apartaría al independentismo del tablero central de la legislatura. Albert Rivera, en cualquier caso, insistió ayer en su estrategia de votar en contra del candidato socialista.

Presión a Sánchez

Esquerra y EH Bildu quieren situar la pelota en el tejado del presidente del Gobierno en funciones, que con la abstención de los republicanos y la izquierda abertzale solo tendría que buscar el apoyo de Podemos y el PNV, que hasta la fecha se le están resistiendo. «Es el momento de poner en valor el independentismo progresista en Madrid», señalaron en un comunicado conjunto tras la reunión.

No informaron oficialmente sobre cuál será su posición en la votación de investidura, pero sí dijeron que su voto «depende de Pedro Sánchez y de lo que quiera hacer, si quiere apostar por el diálogo y la negociación o si prefiere mantenerse alejado de actitudes y posiciones democráticas». Desde hace semanas, se especula con una propuesta de reforma del Código Penal retroactiva, que pudiera servir para rebajar las penas que podría imponer el Supremo a los presos del 'procés'.

Además de Esquerra y Bildu, JxCat también debate su abstención. Los postconvergentes cuentan con siete diputados, pero solo dispondrán para la votación de cuatro, toda vez que los tres diputados presos están suspendidos. Precisamente Jordi Turull, Jordi Sànchez y Josep Rull remitieron el jueves pasado una carta a la militancia nacionalista, en la que apuestan por facilitar la investidura de Sánchez. Esa posición contrasta con la que mantienen Carles Puigdemont y su núcleo duro, con Quim Torra, Laura Borràs y Josep Costa a la cabeza, que se decantan por el bloqueo de la gobernabilidad, en una estrategia que aboga por el cuanto peor, mejor.

Artur Mas también defiende la abstención, por lo que la batalla en JxCat se presenta muy enconada de aquí al pleno de investidura. En su caso, no solo está en juego una votación en el Congreso, sino el control del partido.

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