«No escarbaré nunca en la vida de sus difuntos»

M . E. ALONSO

MADRID. No fue hasta el último minuto, cuando ya no había posibilidad de réplica. Isabel Díaz Ayuso aprovechó los últimos compases de su investidura para romper su silencio y defenderse de los escándalos que la rodean. «Me relacionan con un caso de corrupción cuando nadie me ha llamado nunca a declarar», aseveró.

La nueva presidenta regional se presentó como víctima de una campaña «deleznable» y «machista», que atribuyó a la izquierda, y aseguró que con ella se había traspasado una línea al poner a su familia en el punto de mira. La dirigente del PP denunció las «medias verdades» que se han dicho, en especial, sobre su padre ya fallecido y advirtió a sus adversarios de que ella nunca jugaría con esa moneda de cambio. «No escarbaré en la vida de sus difuntos», zanjó.

La sombra de la corrupción sobrevoló ayer la investidura de la popular y subió los decibelios de un debate, que se tornó bronco por momentos. Las formaciones de izquierda aprovecharon la sesión en la Asamblea de Madrid para agitar los fantasmas que acechan a Díaz Ayuso y augurarle un mandato breve. «No apostaría nada mío por que fueran cuatro años», avisó Iñigo Errejón.

El portavoz de Más Madrid y la popular protagonizaron un durísimo enfrentamiento que superó lo político para convertirse en un intercambio de descalificaciones personales y que augura una legislatura tensa. El exdirigente morado minusvaloró a Ayuso por no «aguantar un debate de quince minutos» y apuntó a su limitada capacidad de oratoria.

La popular contraatacó acusando al que fuera tándem electoral de Manuela Carmena de ser «el personaje más traidor de la política española» y de tener las manos «manchadas de dictadura». Ayuso arremetió contra el currículum y las «compañías» de Errejón y le reprochó haber dado la espalda a Pablo Iglesias en el momento más difícil» de Podemos.