La elección de la presidenta del Congreso sirve de ensayo general para la investidura

La probable mayoría de Pedro Sánchez se queda a un voto de la mayoría absoluta de la Cámara

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Con razón bramaban «¡¡Uno más, uno más!!» en el equipo de Pedro Sánchez durante el escrutinio de las elecciones generales. Ese escaño que perdieron los socialistas en Palencia por 444 votos hubiera sido la guinda del 28 de abril. Con un diputado más, el PSOE habría elevado su cosecha a 124, que sumados a los de Unidas Podemos, PNV, Coalición Canaria, Compromís y los regionalistas cántabros daban los 176 de la mayoría absoluta en el Congreso sin necesitar a los independentistas catalanes. Pero se quedaron en 123, que con esos apoyos suman los 175 votos que obtuvo ayer Meritexell Batet para ser elegida presidenta del Congreso al segundo intento.

La exministra de Política Territorial se quedó a un voto en la primera votación de convertirse en presidenta de la Cámara, los 66 diputados del PP y uno de Navarra Suma (la alianza de Unión del Pueblo Navarro, populares y Ciudadanos) apoyaron a Ana Pastor, los 57 naranjas más el segundo de la coalición navarra respaldaron a Sara Giménez, y los 24 de Vox a Ignacio Gil Lázaro. Hubo 19 votos nulos con palabra «Llibertat» y un lazo amarillo (15 de Esquerra y cuatro de EH Bildu), y siete en blanco de JxCat. En la segunda ronda, Batet repitió los 175, pero que ya fueron suficientes, Pastor reunió 125 de PP, Ciudadanos y Navarra Suma. Los de Esquerra volvieron a anular su papeleta, y los diputados de la izquierda abertzale se sumaron al bando de los nulos con Vox y JxCat.

Unas votaciones que no diferirán mucho de las de la investidura. El Rey empezará las consultas la segunda o tercera semana de junio para que Batet convoque el debate en la primera quincena de julio. «Va a ser fácil», espera el ministro Josep Borrell. Confianza que se comparte en la Moncloa, aunque los socialistas del Congreso se mostraron más cautos. «Ya veremos», dijo un diputado enemigo de vender la piel del oso antes de tiempo.

Reticencias

Ayer tuvieron un ensayo general de lo que puede ocurrir. Los potenciales aliados pedían calma y menos euforia porque una cosa es elegir a la presidenta del Congreso y otra, investir al presidente del Gobierno. Coalición Canaria, sin ir más lejos, anunció que va votar 'no'. Los insulares no quieren saber nada con Unidas Podemos.

Elpartido morado también avisa a los socialistas, aunque con la boca pequeña, de que no esperen apoyo incondicional. Para entonces tiene que haber avances en la negociación del Gobierno de coalición, apuntan en el equipo de Pablo Iglesias. El PNV dice que quiere «un traje nuevo para el modelo territorial»; el diputado de Compromís exige un nuevo modelo de financiación antes de fin de año; y el regionalista cántabro condiciona su voto a inversiones en su tierra. Son los «requiebros iniciales», apuntan en el PSOE, para minorizar a la factura de cada uno.

Los socialistas están tranquilos, sobre todo porque el listón de la mayoría absoluta puede bajar dos escaños si son suspendidos los cuatro diputados soberanistas presos. Oriol Junqueras ha dicho que renunciará al escaño si es elegido eurodiputado pero correrá la lista. Los tres de JxCat aún no han revelado qué van a hacer. Si son suspendidos pero mantienen su acta, habrá 347 potenciales votantes y la mayoría absoluta caerá a 174. Y sin recurrir a esas cábalas, el PSOE puede contar, en el peor de los casos, con la abstención de los quince diputados de Esquerra, y aunque los once de JxCat y EH Bildu voten con la derecha, como ayer, no pondrían en peligro la investidura.