Doñana vuelve a ejercer como epicentro de la diplomacia española

Aznar y Blair. :: r. c./
Aznar y Blair. :: r. c.

El espacio natural ha acogido las visitas de Mitterrand, Blair, Kohl o Gorbachov

R. C.

madrid. El Espacio Natural de Doñana, que suma 120.000 hectáreas, recupera este fin de semana con la reunión entre Pedro Sánchez y Angela Merkel su papel de escenario singular para la diplomacia española de alto nivel. El presidente, como sus antecesores en el cargo, descansa este verano con su familia en el palacio de Marismillas, una propiedad de Patrimonio del Estado ubicada cerca de la desembocadura del Guadalquivir, en la que se han alojado jefes de Estado y de gobierno como Balduino de Bélgica y su esposa Fabiola, Francois Mitterrand, Tony Blair, Helmut Kohl, Mijaíl Gorbachov o António Guterres.

Mandado construir a partir del año 1900 por el bodeguero jerezano Guillermo Garvey, este pabellón de caza de aspecto victoriano y su finca colindante fueron expropiados noventa años después a los marqueses del Borghetto, tras la declaración del Parque Nacional de Doñana. El férreo dispositivo de seguridad que rodea estos encuentros diplomáticos no impide que, años después, se filtren anécdotas y curiosidades de las estancias de mandatarios en Doñana. Desde las quejas por las insistentes picaduras de mosquitos, a las escapadas madrugadoras de algún presidente, con la consiguiente alarma de sus escoltas. O la lívida imagen con la que Mitterrand compareció ante la prensa, en abril de 1988, tras recorrer la playa y las marismas en un todoterreno conducido por González, que algunos atribuyeron a la velocidad que imprimió el presidente español y otros a alguna discusión sobre la política antiterrorista francesa.

O el especial afecto con el que se trató a Blair y a su familia en la Semana Santa de 1998, que pasaron en Doñana, alejados de las tensiones del acuerdo de paz que se ultimaba entre católicos y protestantes en el Ulster.

 

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