Del «derecho a decidir» al «viva España»

En los predios del Tribunal Supremo sólo algunos puntos fueron tomados por lánguidas manifestaciones a favor y en contra

DOMÉNICO CHIAPPE

La ciudad se despereza alertada por unos lánguidos apoyos a favor y en contra del 'procés'. En el Paseo de Recoletos, cinco personas sostienen un cartel: Euskal Herria siempre amb Catalunya. «Venimos por el derecho a decidir», afirma Sabin Goirigolzarri, portavoz de la plataforma Gure Esku. «Apoyamos a los catalanes porque el pueblo vasco también ha sufrido estas persecuciones». Goirigolzarri llegó desde Mungia (Vizcaya) a Madrid la noche del lunes. Tras él, donde Torra dio un pequeño mitin a primera hora, está Rufián, muy galán con su sobretodo negro y perfectamente afeitado, a la espera de cualquier micrófono que se acerque a sus labios. Nada amarillo decora su ropaje. A su alrededor otras elegantes figuras sí portan una bufanda de gualdo casi dorado. Unas 150 personas y cuatro banderas republicanas.

Un anciano de gorra de golfista quiere cruzar por el medio pero dos policías nacionales le bloquean el paso. El hombre enfurece. «Estáis a nuestro servicio», protesta. En el paso de peatones, un 'yuppie' de La Castellana dice por el móvil: «¡Qué desastre!». Los transeúntes parecen no darse cuenta de cuán civilizada es España. En el fondo, nada altera el paisaje, ningún manifestante pone un pie fuera del bordillo. ¿Todo tranquilo? «Sólo algún espontáneo», responde un policía.

Los 'espontáneos' provienen de un grupo de Cataluña con banderas de España, una organización «nacional sindicalista» llamada ADÑ. 22 hombres llegados de Mataró, después de «siete horas en autocar», que sujetan carteles con lemas como «Golpistas a prisión», «Llarena para presidente» o «Qué República de cojones». «Yo soy catalán verdadero», se golpea el pecho Santiago Pulido. Cuando Torra hablaba entre sus adeptos, a eso de las 8:30 h, «bajamos con las banderas de España y le interrumpimos con gritos de 'catalinidad es hispanidad'», reconoce Luis Alonso, teleoperador de 42 años. «Nos echó la policía». Un grupo de independentistas pasa por delante. «Viva España», les provoca junto a sus compañeros. Como no responden, continúan: «Apretad, apretad». La policía está atenta a pocos metros.

Los clichés de Torra son recogidos por algunos manifestantes que persisten en la calle. «Fin de la represión franquista, por una verdadera democracia», repite Ana García, activista del Sindicat de Estudiants, que no estudia una carrera pero sí «idiomas» en la Uned. Porta una bandera de Omnium, aunque no milita allí. «Es que dice 'libertad para los presos'», explica.

Su antítesis, por edad y pensamiento, es una señora minúscula que se adueña de una esquina de la calle Génova. Modesta de los Ángeles Martínez, madrileña de 62 años pero vecina de Gerona desde hace 20, sostiene un cartelito que reza «Golpistas a prisión» y una bandera de España. «En mi casa no puedo colgarla. Pau, mi marido, sí tiene la catalana en la ventana, pero no deja que ponga la mía por miedo a que le hagan algo al coche», dice.

La estela de las pequeñas concentraciones se disuelve a las 11:00 h. Uno de los últimos en retirarse es un hombre con un gran lazo de gomaespuma amarilla que se eleva un par de metros, sujeto a la espalda del jersey del mismo tono que, gracias a su gorro a juego, parece más un Pocoyó soleado que un héroe independentista.

 

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