La crisis en Castilla y León evidencia las primeras grietas en Ciudadanos

Silvia Clemente, acompañada por Juan Carlos Girauta y Miguel Gutiérrez en el cierre de campaña de las pasadas primarias. /R. GARCÍA / EFE
Silvia Clemente, acompañada por Juan Carlos Girauta y Miguel Gutiérrez en el cierre de campaña de las pasadas primarias. / R. GARCÍA / EFE

El fiasco de Clemente pasa factura a Rivera y erosiona su liderazgo, hasta ahora indiscutido

MARÍA EUGENIA ALONSO MADRID.

Después de la tempestad llega la calma. Y tras la ciclogénesis explosiva que ha vivido Ciudadanos con el intento de pucherazo en las primarias de Castilla y León, la dirección nacional espera que llegue cuanto antes la tranquilidad. El fiasco de la exdirigente del PP y la sombra de una mano negra han supuesto un duro revés para la formación liberal que ha visto seriamente dañada su imagen y, sobre todo, para Albert Rivera, cuyo liderazgo, hasta hace poco indiscutido, se ha visto también erosionado. Ciudadanos siempre se ha presentado como un partido regenerador, abierto, que ha hecho de las primarias una de sus señas de identidad contra los «chanchullos» de otras formaciones.

De ahí que el fichaje de la exdirigente del PP Silvia Clemente generase una fuerte contestación interna entre la militancia y los mandos del partido. No eran pocos los que consideraban que la que fuera diputada, consejera y presidenta de las Cortes con el PP las últimas dos décadas no podía representar la regeneración de la que presumen. El exdiputado Francisco Igea decidió cortarle el paso con el respaldo de Luis Garicano, uno de los hombres fuertes del partido y del círculo de confianza de Rivera. En el otro lado, José Manuel Villegas, su número dos, que se desplazó a Valladolid para presentar oficialmente a Clemente y que tras el fiasco salió a dar la cara tratando de minimizar lo ocurrido y reduciéndolo a un simple fallo en el sistema informático.

Todas las miradas están puestas ahora en él, como principal avalista de la expopular. El secretario general de Ciudadanos contaba con que la incorporación de Clemente dejaría al PP muy tocado en uno de sus feudos históricos como es Castilla y León. Pero el tiro le salió por la culata.

División en la ejecutiva

Por primera vez un dirigente se enfrentaba al aparato y le disputaba las primarias al candidato oficial, algo inédito en un partido en el que la disciplina y la prudencia son una constante. El movimiento de Igea dividió además a la ejecutiva que rompió su discreción y discutió con las ventanas y puertas abiertas una decisión de la dirección, acostumbrada a dictar sus decisiones sin que nadie rechiste.

En su ansia por arañar votos a izquierda y derecha, Rivera ha abierto de par en par Ciudadanos a dirigentes de medio pelo del PP o del PSOE, apartando por el camino a muchos dirigentes locales de los puestos de salida para las elecciones de abril y mayo, y acrecentando el malestar interno. Pero no solo estas incorporaciones han tensionado la cuerda en las filas liberales. La política de pactos divide también al partido. Mientras la cúpula insiste en no llegar a un acuerdo con Pedro Sánchez y con el PSOE tras las generales, el sector más centrista pide a la dirección que no cierre esa puerta para evitar tener que depender de Vox.

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