Casado sale a jugar contra Rivera la «segunda parte» del partido el 26 de mayo

Rivera y Casado, juntos, el pasado 11-M, en el homenaje a las víctimas del atentado. :: e. naranjo / efe/
Rivera y Casado, juntos, el pasado 11-M, en el homenaje a las víctimas del atentado. :: e. naranjo / efe

El líder del PP promete «devolver todas las bolas» mientras Ciudadanos aconseja a los populares no culpar a los demás de su propia debacle

NURIA VEGA

madrid. Apenas 219.000 votos dieron al PP su ventaja sobre Ciudadanos el 28 de abril. Una aproximación de los liberales en el Congreso que ha tensionado la pelea por la hegemonía del centro derecha. Pablo Casado da por sentado que las cifras le apuntalan ya como líder de la oposición, pero ahora su partido se propone despegarse de su competidor directo y alargar distancias en los comicios municipales y autonómicos del 26 de mayo. Lo que se lleva Albert Rivera, lo pierden los conservadores. Y en este escenario, el presidente de los populares se dispuso ayer a «devolver todas las bolas».

Casado anima a su banquillo a tomarse el 26-M como la «segunda parte» del partido, la de la «remontada». Y en esta nueva fase Ciudadanos y Vox no son ya potenciales socios, sino aquellas formaciones «desleales» que «evitaron» que el PP gobierne al fragmentar el espacio político. Con este planteamiento, los populares aspiran a transformar su debacle en las urnas en argumento electoral con la esperanza de que esta vez sí funcione su llamada al voto útil, que todas las papeletas de la derecha aglutinen bajo sus siglas. De momento, que Ciudadanos haya salvado de su veto a Pedro Sánchez a algunos dirigentes socialistas de comunidades autónomas o ayuntamientos sirve al PP para intentar empujar a los liberales fuera de su terreno. Exactamente, hacia el centro izquierda. Es por eso que Casado volvió a reclamar ayer claridad respecto a los pactos postelectorales y censuró que los votantes tengan que «estar pendientes» de en qué territorios Rivera considera al PSOE suficientemente «pata negra» o «constitucional» para llegar a acuerdos.

No es, en todo caso, el único reproche que lanzó a su rival. «La regeneración es ser transparente, no dar pucherazos en primarias, ni hacer compraventa de escaños, ni apelar al transfuguismo, ni tener alcaldes corruptos en Arroyomolinos, ni intentar plagiar programas electorales ni decir que el 155 es matar moscas a cañonazos y luego pedir que lo extendamos o ir a Moncloa con cuatro senadores a decir que hay que aprobarlo», cargó Casado en un acto de precampaña en Toledo.

La presión electoral

La réplica no tardó en llegar desde Ciudadanos. El partido liberal diagnosticó «ciudadanitis» al PP y el propio Rivera aconsejó a su contrincante hacer autocrítica en lugar de responsabilizar al resto de las malas cifras en las urnas. «La culpa de la debacle de un partido tiene que ver con el propio partido, no con los demás», respondió en una entrevista en Antena 3. También sugirió que, de haber pasado de 137 a 66 escaños, él quizá habría pensado en dimitir.

Las hostilidad en la derecha no parece que vaya a remitir, al menos mientras la presión electoral siga presente en la política española. Pero el rol de cada actor en el Congreso se resolverá tras los comicios. Casado, que tacha de «pueril» que Ciudadanos se arrogue el liderazgo de la oposición siendo la tercera fuerza, augura, además, a Rivera que los próximos cuatro años «se le van a hacer muy largos». Hay fuentes del PP que incluso sugieren que Inés Arrimadas podría emerger como su reemplazo.

«Es la cuarta derrota consecutiva -le espetó Casado al presidente de Ciudadanos- después de 13 años liderando el partido. Jolín con la nueva política, y encima lo celebran». Con este panorama, en el entorno del líder del PP no creen que la continuidad de su jefe de filas dependa del resultado del 26-M y niegan que los populares estén en «crisis».