Casado y Rivera urgen a Sánchez a cerrar ya una fecha para el adelantoMontero confunde a Rivera con Casado

El líder del PP y el de Ciudadanos exigen al presidente que «no alargue más la agonía» tras dar por sepultada las cuentas de 2019

M. E. ALONSO

MADRID. El mandato de Pedro Sánchez toca a su fin. Pablo Casado y Albert Rivera dieron ayer por agotada la legislatura y exigieron al presidente del Gobierno que ponga de una vez fecha y hora al adelanto electoral que ayer casi todo el arco parlamentario daba por seguro ante el previsible fracaso de los Presupuestos. «No alargue más la agonía y convoque elecciones cuanto antes», le exhortó a Sánchez el líder del PP, que aprovechó el debate en el Congreso para hacer una enmienda a la totalidad al Gobierno. «Si usted lo está haciendo tan bien, hágalo que igual puede sacar hasta mayoría absoluta», ironizó el presidente de Ciudadanos.

Los dos dirigentes de centroderecha coincidieron en calificar de negativas estas cuentas acordadas con Unidos Podemos y en cargar duramente contra el Ejecutivo socialista por su gestión en la crisis catalana. Sus intervenciones se convirtieron en una andanada contra las negociaciones de Sánchez con un soberanismo al que necesita para seguir instalado en la Moncloa.

Casado fue el primero en proclamar desde la tribuna que este Ejecutivo da sus «últimas bocanadas» tras ocho meses de malgobierno. «España se le queda demasiado grande», le dijo directamente a Sánchez, que se removía en su escaño. El principal líder de la oposición destacó el «papelón» de un Gobierno que considera «herido de muerte» como un pescado «que empieza a oler» y que se aferra a los Presupuestos como «el último tablón» de un naufragio.

No se cree el popular el argumento de que Moncloa ha roto el diálogo con los independentistas por exigir la autodeterminación sino que esa fue una de las condiciones, que pactaron de forma encubierta, para que le apoyaran la moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy del Gobierno. «¿Qué esperaban que les iban a pedir? ¿Una letra para el himno de España?», insinuó.

El presidente del PP se centró en el pulso soberanista y lanzó un ataque detrás de otro. Acusó al jefe del Ejecutivo de «humillar a España para permanecer en el poder», de estar «rendido al separatismo», de intentar aprobar las cuentas para «seguir financiando la ruptura de la legalidad» y, de paso, «financiar su campaña electoral».

El inicio del juicio del 'procés', se mezcló también en el discurso de Casado. Calificó de «escándalo» que se haya solapado con el debate presupuestario y sacó pechó por la labor del Gobierno de Rajoy para frenar la intentona golpista en Cataluña, desde los recursos al Constitucional a la aplicación del artículo 155. «No se puede dialogar con los independentistas más que decirles que hablen con su abogado», advirtió a Sánchez, al que culpó por intentar quitar a la Justicia su espada para «clavársela a la Constitución por la espalda».

En su réplica, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, acusó al dirigente popular de usar un «lenguaje guerracivilista» para pasar a afearle la retahíla de insultos que le dedicó a Sánchez tras conocer la aceptación, por parte del Gobierno, de la figura del relator. Montero, para quien Casado es «una mala copia de Aznar», rebatió las acusaciones de que el Ejecutivo haya cedido ante la Generalitat y recordó que era el PP y no el PSOE quien gobernaba cuando Carles Puigdemont huyó a Bélgica o cuando se celebró la consulta ilegal del 1 de octubre.

Su testamento político

Albert Rivera relevó a Casado en su enfrentamiento con el Gobierno y siguió los pasos de su oponente haciendo una lectura que iba más allá de las cuentas públicas y retando a Sánchez para que adelante las elecciones y permita votar a los españoles. «Si estos Presupuestos se tumban serán su testamento político», aseveró el líder de Ciudadanos bajo la atenta mirada del socialista, que rehusó intervenir en todo el debate.

El dirigente liberal, que se postuló como el próximo presidente, volvió a descalificar a Sánchez por ceder ante Quim Torra y sus «21 puntos de la vergüenza» y le recriminó por sentarse a negociar con los secesionistas para tener «un poco más de gasolina» para seguir en el poder. La ministra -que llegó a confundirle hasta en ocho ocasiones con Casado- afeó a Rivera sus «ansias» de llegar a la Moncloa y de vivir a lomos «de la crispación» y defendió férreamente el diálogo con los independentistas. «¿Qué aporta más solución: la cerilla o el diálogo?», remachó.

Ella lo achacó a un error, pero lo cierto es que la ministra Montero llamó hasta en ocho ocasiones desde la tribuna Pablo Casado a Albert Rivera. Ocurrió en su turno de réplica al líder de Ciudadanos. «Señor Casado», dijo una y otra vez. Luego, con ironía, dijo «tenía el chip de la anterior intervención y a veces no se distingue mucho».

 

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