Casado y Rivera se escudan en Navarra para no facilitar la investidura de Sánchez

Pedro Sánchez, Pablo Casado y Albert Rivera, a su llegada ayer a las reuniones con sus grupos en Bruselas. :: reuters / efe/
Pedro Sánchez, Pablo Casado y Albert Rivera, a su llegada ayer a las reuniones con sus grupos en Bruselas. :: reuters / efe

El líder socialista acusa a la oposición de buscar el bloqueo de la legislatura y la repetición de las elecciones

RAMÓN GORRIARÁNMADRID.

Pablo Casado y Albert Rivera no van a facilitar con la abstención de sus partidos la investidura de Pedro Sánchez por más que arrecien las peticiones en ese sentido. Los líderes de PP y Ciudadanos han encontrado en Navarra el último argumento para justificar su negativa. Pero el líder socialista no se dio por vencido y volvió ayer a la carga para que populares y liberales, «por responsabilidad de Estado», permitan su reelección. La alternativa, subrayó, es la parálisis de la legislatura y la repetición de las elecciones. Un aviso a todas luces exagerado porque el PSOE puede salir adelante con otros apoyos, los de Podemos y PNV, y abstenciones, la de Esquerra.

Bruselas se convirtió ayer en el escenario de un nuevo capítulo del culebrón de la investidura. Sánchez, Casado y Rivera acudieron a las citas con sus grupos europeos en la capital comunitaria, pero su debate fue doméstico. El presidente del Gobierno en funciones emplazó una vez más a los líderes de PP y Ciudadanos a que levanten «los cordones sanitarios» a su partido y renuncien al veto a su investidura. Enrocarse en la negativa, apuntó, solo conduce «al bloqueo político» y nuevas elecciones, con la consiguiente merma para «la estabilidad y gobernabilidad de España».

Sánchez reconoció que sus aliados naturales están «a la izquierda del PSOE», en alusión a Unidas Podemos, pero también tienen cabida otras fuerzas que comparten una agenda de transformaciones, un mensaje para el PNV. El problema de esta fórmula es que requiere la colaboración de los independentistas, al menos de Esquerra y EH Bildu, en forma de abstención, y los socialistas no quieren tener ningún tipo de dependencia con estas fuerzas. Todavía recuerdan el portazo de los republicanos a los Presupuestos Generales del Estado y el veto a Miquel Iceta para presidir el Senado.

Lo normal y lo anormal

A pesar de estas reticencias, las conversaciones existen, y el portavoz republicano en el Congreso las reconoció ayer. Gabriel Rufián señaló que ya han dado su palabra a los socialistas de que no bloquearán la investidura, sin que ello signifique que firmarán un «cheque en blanco», pero tampoco fijarán «líneas rojas» ni pondrán condiciones imposibles.

Pero el líder socialista prefiere otros socios para la investidura, y mira a Ciudadanos porque al PP lo da por imposible aunque lo incluya en el paquete de auxilio. Sánchez recordó a Rivera que «lo normal» en Europa es el entendimiento entre socialdemócratas y liberales, y lo anormal es que los liberales se alíen con la extrema derecha, como ocurre con Ciudadanos y Vox. Con todo, a Sánchez tampoco le vienen mal las negativas de populares y liberales porque le cargan de razones para justificar la colaboración con el otro extremo del arco parlamentario.

Casado y Rivera respondieron con crudeza a las interpelaciones de Sánchez, al que negaron el pan y la sal después de lo que ha sucedido en Navarra. «Marca un antes y un después», avisó el líder de Ciudadanos respecto al acuerdo alcanzado por los socialistas con los nacionalistas para que un representante de Geroa Bai presida el Parlamento navarro y EH Bildu ocupe un puesto en la Mesa de la Cámara. Pero ese no era el principal motivo del enfado de populares y liberales, la razón de fondo es que de esa forma habían asfaltado el camino para que la líder del PSN, María Chivite, se convierta en la presidenta de la comunidad foral en detrimento de su aliado, el candidato de UPN y Navarra Suma, Javier Esparza.

Desde el Gobierno y el PSOE se desgañitaron ayer para explicar que el acuerdo es con Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra, y no con EH Bildu, que se abstendrá en la votación para la investidura de Chivite. Pero sus palabras se las llevó el viento. Rivera sostuvo que «con este 'sanchismo', con este PSOE, no podemos ir de la mano a ningún sitio porque ha quebrado todas las línea de los últimos 40 años de constitucionalismo».

Es «el pacto de la infamia y la vergüenza», apostilló. «O se está con los constitucionalistas que condenan la violencia etarra o se pacta con aquellos que intentan blanquearla", abundó Casado. «No se puede estar con los proetarras y al mismo tiempo pedir que se abstenga el PP», remató el líder de los populares.

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