Casado detecta motivos para un nuevo 155 y acusa al Ejecutivo de querer «disolver» España

El líder del PP apuesta en vísperas de la Diada por evitar el «enfrentamiento directo» y asegura haber extraído esta lección del País Vasco

NURIA VEGA MADRID.

No concretó las señales que harían precisa una nueva intervención de la autonomía de Cataluña. Pero Pablo Casado defendió ayer ante la junta directiva del PP en Barcelona que «comienzan a darse objetivamente las circunstancias» para volver aplicar el artículo 155 de la Constitución. Esta vez, sin embargo, en su entorno defienden que, llegado el momento, harán valer su mayoría absoluta en el Senado para que el control de la administración catalana se prolongue en el tiempo y alcance a la televisión pública, TV3, y a las competencias en materia educativa.

El planteamiento no sólo marca distancia con la apuesta del Gobierno por una estrategia de distensión con Cataluña. Casado también se emancipa de la gestión de Mariano Rajoy frente al desafío secesionista. Ya en la campaña de las primarias del PP, el actual presidente del partido reconoció que el 155, tal y como él lo entendía, debió «haberse aplicado antes» y tachó de «fracaso» la operación diálogo encomendada en su día a la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Dos meses después, sigue rechazando que la estrategia de la Moncloa sea ir un paso por detrás del independentismo.

En todo caso, el PP no tiene en sus manos activar el procedimiento para la intervención de la autonomía. Pulsar esa tecla es algo que corresponde al Ejecutivo. Y, de momento, el Gobierno del PSOE mantiene que, como su antecesor, recurrirá a los instrumentos del Estado de Derecho sólo en caso de que el independentismo pase de las palabras a los hechos.

La propuesta, sin embargo, le sirve a los populares para construir un discurso que les ayude a reconectar con su electorado en Cataluña y evite que el PP quede desdibujado. Casado intenta, de hecho, dotar a su partido de una nueva capacidad de liderazgo en esta materia y presenta a su organización como la única con fuerza suficiente para frenar a los independentistas: «No quiero seguir hablando de ellos ni con ellos, quiero que les ganemos y quiero que pierdan, que se haga realidad la Cataluña que a nosotros nos gusta, y en la que ellos tendrán su sitio y sus derechos, y que retroceda la que a ellos les gusta, en la que no tenemos ni sitio ni derechos». En este escenario, también pidió ayer a los suyos plantar cara al Gobierno, al que advirtió de que dar «facilidades» a los secesionistas es una «traición» a los demócratas. «No debemos hacer frente sólo a un proyecto de fractura en España, porque también tenemos que hacer frente a un proyecto de disolución de España. El primero lo patrocina el nacionalismo. El segundo, la izquierda radical con el PSOE liderándolo», cargó contra los socialistas.

Casi equiparó la reivindicación de ruptura del independentismo con la oferta de reformas estatutarias, legales o incluso de la Carta Magna que defiende el Gobierno para buscar un mejor encaje de Cataluña en España. Una «mutación constitucional encubierta», lo definió. Sobre esta última vía, rechazó de plano todo lo que sea recuperar los artículos del Estatuto de Autonomía que el Tribunal Constitucional anuló en 2010 y descartó articular una relación «confederal o bilateral» con la Generalitat: «No nos vamos a quedar mirando cómo el PSOE complica más el problema».

El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, mientras tanto, acusó a los independentistas de estar dando «combustible» para que reaparezca la ultraderecha y garantizó que, pese a su disposición al diálogo con la Generalitat, el Ejecutivo no «va a ser débil a la hora de aplicar la ley y de enfrentarse a cualquier abuso» en Cataluña.

La batalla de los lazos

Pero no sólo al Gobierno fueron dirigidos ayer los mensajes de Casado. El presidente del PP ha encontrado en la retirada de lazos amarillos en la calles una forma de diferenciarse de Ciudadanos. Tras comprobar el efecto de la imagen de Albert Rivera e Inés Arrimadas quitando simbología secesionista en municipios catalanes, los populares aseguran no ser partidarios de alimentar la confrontación.

No hubo referencias explícitas a Ciudadanos en el discurso, pero el líder del PP reivindicó la confianza en que sean las instituciones las que tutelen los derechos de todos y reclamó que nadie «haga justicia por sí mismo». «Esta enseñanza nos la han legado las víctimas del terrorismo y debemos hacer uso de ella ahora en Cataluña. No habríamos ganado nada irrumpiendo en una 'herriko taberna' para enfrentarnos a quienes aplaudían a los asesinos», comparó las dos situaciones. La llamada a no «abrazar el enfrentamiento directo» se produjo, además, en vísperas de los actos de la Diada.

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