El bipartidismo resucita con fuerza en un país fracturado en dos bloques

El ciclo electoral que comenzó en diciembre en Andalucía dibuja un país teñido de rojo y azul con Unidas Podemos y Ciudadanos 'engullidos'

ADOLFO LORENTE

La España de la moción de censura sigue teñida de rojo PSOE y azul PP. La España que ha dibujado el extenuante ciclo electoral que comenzó el 2 de diciembre en Andalucía, que siguió el 28 de abril con las generales y terminó el 'superdomingo' local, autonómico y europeo del 26 de mayo escribe una historia de vencedores y vencidos en un país fracturado en dos bloques ideológicos cada vez más definidos y separados pese a que algunos sigan suspirando por el entendimientos entre socialistas y liberales. O izquierda o derecha, o conmigo o contra mí. El nuevo mapa de poder también ha confirmado que las formaciones que surgieron para asaltar los cielos y regenerar la vida pública han quedado reducidas a meras comparsas de los grandes partidos. Sus principales victorias sólo llegaron en las encuestas.

Ciudadanos, que aún sueña con dar el 'sorpasso' a los populares, sigue muy lejos de hacerlo (2.000 concejales de unos, frente a los 20.000 de los otros). Y Unidas Podemos, que hace apenas cuatro años creían incluso que podían gobernar el país erigiéndose en la fuerza hegemónica de la izquierda, a lo único a lo que aspiran ahora es a convencer a Pedro Sánchez para que Pablo Iglesias o Irene Montero (y si pueden ser los dos, mejor) se sienten en el Consejo de Ministros.

A la espera de que se cierren de forma definitiva los pactos en comunidades tan relevantes como Madrid, la nueva foto autonómica (un auténtico poder en la sombra en materia política y, sobre todo, financiera) constata, por un lado, la fortaleza de la ola sanchista. El PSOE gobernará nueve y cogobernará dos regiones tras hacerse 26 años después con Canarias y La Rioja, gobernada por la derecha los últimos 24.

Pero esta foto también advierte de que dar al PP por muerto sería un grave error ya que las comunidades que gobernarán, siempre y cuando no haya sustos de última hora en Madrid, suman una población de más de 21 millones, cuatro más que las lideradas por la izquierda.

Y es que el equipo negociador de la calle Génova, con Javier Maroto al frente, ha sabido jugar muy bien sus cartas para traducir en poder su debacle en las urnas. Pasar de 137 a 66 escaños en el Congreso cuando tu suelo eran los 107 de 1989 no admite muchos más calificativos. Lo ha hecho, eso sí, gracias a suscribir pactos de gobierno con Vox que Ciudadanos, la otra parte esencial de la ecuación, niega e incluso rechaza.

Así ocurre, por ejemplo, en el Ayuntamiento de Madrid, donde el partido de Santiago Abascal quiere tener concejales dentro del equipo de gobierno porque así lo han acordado por escrito y Ciudadanos, que ha pactado con el PP este gabinete, jura y perjura que no los tendrá. De hecho, esta compleja convivencia entre las tres formaciones ha provocado que los ayuntamientos de Burgos y Huesca hayan ido a parar al PSOE por incumplir por sorpresa el pacto a tres.

Pero tan cierto es que el bipartidismo domina la escena política como que lo tendrá muy complicado para gobernar con cierta tranquilidad en muchas instituciones al tener que haber firmado pactos muy complicados. Porque una cosa es ser la lista más votada y otra bien diferente aunar la mayoría suficiente para gobernar, como ocurre en Navarra, una de las comunidades que quedan por conformar pero que parece que el PSOE ya ha decantado de su lado al pactar con el PNV y aceptar que EH Bildu esté en la Mesa del Parlamento.