Aznar refuerza a Casado en su negativa a favorecer la investidura de Sánchez

El líder del PP entierra la abstención salvo que el PSOE rectifique su «rumbo histórico» y señala a Navarra como oportunidad de enmienda

NURIA VEGAMADRID.

En la determinación de votar no a Pedro Sánchez, Pablo Casado encontró ayer el aval de José María Aznar. El reencuentro en El Escorial entre el PP y la fundación del expresidente, FAES, sirvió, de hecho, para escenificar que, si alguna vez fue una opción, y no parece que lo fuera, el líder de los populares ha enterrado la posibilidad de una abstención que facilite la continuidad del candidato socialista al frente de la Moncloa. «No cooperaré ni activa ni pasivamente para que el PSOE siga igual -reiteró-. Creo que mi tarea y la de mi partido es muy clara: reconstruir el pilar derecho de nuestro sistema y señalar el camino para la reconstrucción del pilar izquierdo».

En los últimos días, algunas voces del PP -las menos- habían contemplado que la formación conservadora se abstuviera, negociación mediante. Pero en el marco que ayer construyó Casado en la inauguración del curso de verano de FAES no cabe que los populares participen en el desbloqueo, salvo que el PSOE emprenda una «rectificación de rumbo histórico que ponga fin a lo que ha significado el socialismo para España a lo largo de todo lo que llevamos de este siglo». Es decir, salvo que se enmiende a la totalidad.

Fue el de este lunes uno de los discursos más críticos con los socialistas, y Casado, pese a no ser lo habitual, lo leyó de principio a fin, papeles en mano. Es el relato con el que sostiene su no a la investidura, pero también con el que estrena la oposición a Sánchez en esta legislatura. Y en el origen del abismo que hoy le separa del PSOE situó la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña que, promovida por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se aprobó en 2006 en el Congreso.

Desde entonces, Casado dibuja al PSOE en una deriva que le llevó a «romper» con el sistema, a entrar en una dinámica de «culpabilización» y «acoso» del PP por su recurso del texto ante el Tribunal Constitucional, a estar ahora «predispuesto» a indultar a los líderes independentistas juzgados en el Tribunal Supremo y a entender el diálogo como «el premio que el socialismo reserva» para los que quiebran la legalidad. En este contexto, difícilmente puede caber una colaboración en la investidura.

Lo único que Casado ha planteado como viable en las últimas semanas es que se abstengan los diputados de UPN, sus socios en la coalición Navarra Suma, con los que volverá a reunirse este martes para acordar una declaración y ejercer presión. Pero eso pasa por que en la Comunidad foral los socialistas no impidan el Gobierno de la derecha. «Hoy, la hora de la verdad es Navarra», advirtió ayer a Sánchez. Una salida al «laberinto».

Prueba a prueba

Fue casi el ensayo general del discurso de la sesión de investidura, el argumento con el que rebatirá la petición de sentido de Estado al PP desde las filas socialistas. En ese punto encontró la complicidad de Aznar. «Lo que no está en la lógica institucional es echar sobre los demás la propia responsabilidad de conseguir esa mayoría -le reprochó a Sánchez- ni exigir apoyos gratuitos ni afirmar al mismo tiempo una victoria electoral de largo mientras se advierte con nuevas elecciones. (...) El que tenga que negociar, que negocie».

No fue lo único en lo que respaldó a Casado. El expresidente ensalzó su forma de dirigir el partido, pese a que los populares se han quedado en 66 escaños, y argumentó que «ningún liderazgo se construye en la comodidad, sino en la prueba». «Ha acertado en las decisiones que marcan la trayectoria del PP», le agradeció mientras la formación negocia con Ciudadanos y Vox para mantener su poder territorial. Apenas quedó rastro de la frialdad que caracterizaba sus encuentros con Mariano Rajoy antes de la ruptura entre FAES y el viejo PP.