La amenaza del boicot soberanista marca el regreso del Rey a Cataluña

Felipe VI, el pasado 6 de agosto a las puertas del palacio de Marivent. :: JAIME REINA / afp/
Felipe VI, el pasado 6 de agosto a las puertas del palacio de Marivent. :: JAIME REINA / afp

Felipe VI ignora los desplantes de Torra y acudirá al primer aniversario de los atentados del 17-A

M. E. ALONSO MADRID.

Felipe VI acudirá este viernes a Barcelona para asistir a los actos conmemorativos del primer aniversario de los atentados yihadistas en la capital catalana y en Cambrils (Tarragona). El encargado de confirmar su presencia fue el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que buscó normalizar la asistencia del Rey sin que ésta quedase al azar de negociación alguna con la Generalitat. «Es el jefe del Estado, puede ir donde quiera», legitimó Sánchez. Los soberanistas, con el presidente de la Generalitat a la cabeza, llevan meses haciendo saber al Monarca que en Cataluña, en lo que al independentismo se refiere, no es bien recibido.

El contundente discurso que dirigió a la nación el pasado 3 de octubre, en el que acusó a la Generalitat de «deslealtad inadmisible» y donde allanó el camino a la aplicación del artículo 155 sigue escociendo en el sector rupturista. El propio Quim Torra ya subrayó hace unos días que la Generalitat no había invitado a Felipe VI al aniversario del 17-A, y que, pese a que compartirá espacio durante el homenaje tanto con él como con el jefe del Ejecutivo, mantiene su intención de no acudir a ningún acto organizado por la Corona. «Ya no es el Rey de los catalanes», es el último latiguillo del mandatario autonómico. Pero el Gobierno y todos los partidos constitucionalistas, desde el PP hasta Podemos, han defendido la pertinencia del gesto del Monarca. «Vamos a estar todos, desde el primero hasta el último. Contra el terrorismo no hay fisura posible», zanjó Sánchez.

El Gobierno y los líderes del PP, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Albert Rivera, entre otras personalidades, arroparán al jefe del Estado, que ocupará un discreto segundo plano durante el acto institucional por los ataques yihadistas. El ayuntamiento de Ada Colau ha organizado un homenaje a todas las víctimas que relega a las autoridades a un papel secundario para evitar cualquier veleidad política.

La ANC y Òmnium han llamado a que la jornada sea solo un homenaje a las víctimas«Es el jefe del Estado, puede ir donde quiera», legitima Pedro Sánchez

El acto comenzará con una ofrenda floral sobre el mosaico de Joan Miró situado en La Rambla donde la ciudadanía depositó velas y flores tras los ataques. Después, las cinco escuelas municipales de música y el conservatorio ofrecerán un concierto y, posteriormente, harán lecturas de poemas en los siete idiomas de las víctimas mortales (catalán, castellano, inglés, francés, portugués, italiano y alemán).

Como ocurrió hace un año, un amplio sector del independentismo quiere convertir este homenaje en un escenario para exhibir su fuerza y plantear sus reivindicaciones. Los llamados Comités de Defensa de la República (CDR) y amplios sectores del PDeCAT están difundiendo la consigna, a través de sus redes internas, de que el 17-A debe convertirse en el día del rechazo a la Monarquía. Entre las iniciativas que se manejan figuran la de asistir al acto de plaza de Cataluña llevando esteladas, luciendo máscaras con los rostros del exconsejero de Interior, Joaquim Forn, o del exmayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, o dando la espalda a Felipe VI durante todo el acto.

Del boicot antimonárquico se han desmarcado ya la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, que no quieren tensionar más el acto ni restar protagonismo a las víctimas y a los cuerpos policiales. En el pasado, ambas entidades independentistas han participado activamente en caceroladas o pitadas en contra del Monarca. Ahora coinciden en intentar separar las dos reivindicaciones, si bien no desisten de sus críticas al Rey. Mientras los secesionistas se dividen en torno al 17-A, la principal asociación en defensa de la unidad de España, Sociedad Civil Catalana, ha convocado a todos los ciudadanos para que asistan a la manifestación de forma silenciosa y sin consignas ni banderas.

La hostilidad de Torra

El Rey ya estuvo presente en la movilización del pasado 26 de agosto en Barcelona, nueve días después de los atentados, a la que además acudieron los líderes de todos los partidos y los presidentes autonómicos acompañando a las víctimas y a las alcaldesas de Barcelona y Cambrils. El Monarca y el entonces jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, fueron recibidos con sonoros abucheos y pitidos en un ambiente que ya había pasado página de los atentados y estaba más pendiente de la celebración del referéndum soberanista del 1-O.

Desde entonces, los agravios y desplantes desde la Generalitat al Monarca se han intensificado. La última vez que el jefe del Estado viajó a Cataluña fue con motivo de los Juegos Mediterráneos y la entrega de los premios Princesa de Girona, que tuvieron que celebrarse finalmente en un recinto privado porque la alcaldesa de JxCat vetó el uso del pabellón municipal en el que se habían entregado en años anteriores. En el primer acto, Torra se esforzó por demostrar su rechazo al Monarca entregándole un libro con imágenes de la consulta ilegal del 1-O. En el segundo, el presidente catalán escogió como ofensa no asistir. Pero el Rey no entró en las provocaciones del político independentista y ratificó su «compromiso con una Cataluña de todos y para todos».

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