«Me abandonaron. A un perro se le tiene más consideración»

El próximo sábado se cumple una década del asesinato del brigada Luis Conde de la Cruz. ETA le asesinó en la madrugada del 22 de septiembre de 2008 en Santoña. Su viuda, Lourdes Rodao, que entonces tenía 43 años, mantiene nítido aquel instante que se convirtió eterno. Poco antes de la una de la mañana, en la residencia militar se había recibido un aviso de bomba y el guarda jurado les mandó salir. Conde salió delante de su esposa, en el momento que estalló un coche bomba con unos cien kilos de explosivo.

«Tuvo la mala suerte de que un trocito de metralla le impactara en la carótida», recuerda Lourdes que no olvida el color de la sangre: «Roja clarita, en vez de oscura». «Tenía pulso -rememora-, pero sabía que estaba prácticamente muerto. Si te dan en esa arteria es fulminate: sangras y te vas». Pidió a gritos una ambulancia, pero los sanitarios le impidieron acompañar a su marido. No se pudo despedir. Se enteró de la muerte de su marido por la radio tras tres horas deambulando «sola» por Santoña «en pijama, con una cazadora y las llaves del coche en la mano». El coronel de la residencia ni le recibió. En el juicio declaró: «Me habían abandonado. A un perro se le tiene más consideración que a mí».

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