Xavi, el reloj que agota su cuerda

Xavi durante un partido./
Xavi durante un partido.

JAVIER BRAGADOMadrid

«Para el Mundial de Brasil ya estaré muy viejito». Xavi Hernández anticipó que Sudáfrica sería su última competición global y que una nueva cita aparecía imposible en su pensamiento. Cuatro años después, gran parte de su predicción se ha cumplido. El de Terrasa ha perdido su protagonismo y su capacidad para imponer su criterio en el centro del campo, pero conserva el carisma y el liderazgo que le han situado como un colaborador imprescindible para Vicente del Bosque.

Xavi aporta dos valores a la selección: su experiencia y su obsesión por el fútbol. El catalán mantiene su amor por el balompié, su pasión por el juego y mantiene sus horas pegado a televisor para analizar elementos estratégicos que le aúpan a un rol cercano al de ayudante del seleccionador. No obstante, su ascendencia no procede únicamente de sus ideas. En el campo marcó el camino que Luis Aragonés consolidó para el juego de toque y posesión que caminó de manera paralela en el Barça y en los éxitos del combinado español.

El éxito de Xavi se ancla en su niñez, en aquellas mañanas en la plaza del Progreso en las que bajaba a comprar el pan y el reclamo de la pelota le arrastraba horas y horas en porterías improvisadas. De ahí dio el paso hacia La Masia, donde Xavi considera que se le crío como futbolista, aunque había aprendido los primeros pasos en su escuela de Terrasa y había cobrado su primer sueldo de futbolista con once años (4.000 pesetas con los que compró a su madre una tostadora). Su mayor aprendizaje se gestó en las instalaciones del Barça. Allí, el adolescente menudo pasó de tener a sus hermanos como ejemplo más cercano de centrocampista a la dinastía de cuatros del Barça que había instaurado Cruyff. Mientras ascendió categorías pulió su innata visión de juego y construyó un amplio abanico de recursos casi imposibles de reunir por completo en un mediocentro: recuperación, llegada, disparo lejano y hasta un regate propio (la pelopina).

Había logrado ascender al Barça B a Segunda División con Jordi Gonzalvo cuando empezó a entrar en las convocatorias del primer equipo. Finalmente, el iracundo Van Gaal le dio la oportunidad. Fue el 18 de agosto de 1998 en la Supercopa de España. Salió como titular y marcó un gol, aunque el técnico neerlandés no le volvió a elegir hasta octubre. Su participación aumentó y paulatinamente se fue haciendo un hueco que sólo la enorme presencia de Guardiola en el centro del campo le cerraba. Fue un momento clave en su carrera. Tentado por el Milan y aconsejado por su padre para que se marchara a Italia, el joven Xavi decidió apostar su carrera con todo a la casilla del Barça. Su apuesta resultó buena a medio plazo con su activa participación en la consecución de títulos y una lesión de Pep le abrió la puerta para demostrar que había superado la presión del debate sobre la sucesión con apenas 18 años. Xavi se empeñó en demostrar su personalidad y sus diferencias con la leyenda en activo. Con un estilo más completo por su movilidad en el campo y una notable cantidad de goles por temporada superó la presión que le colocó Van Gaal.

Con el puesto ganado, comenzaron a llegar las llamadas de la selección, sus primeros títulos y su formación como nuevo estandarte azulgrana. En más de diez años como jugador se convirtió en emblema del gusto exquisito que mamó en La Masia. «Es extremadamente influyente en el juego de posesión del balón, de pases, de penetración que caracteriza a España», explicó el Comité de Expertos que le eligió como el mejor de la Eurocopa conquistada en Austria y Suiza en 2008. Su capacidad para generar juego y para reducir los fallos al máximo le situaron como el reloj perfecto para el engranaje perfecto del sistema de toque y posesión que desterró a la 'furia española' como estilo de juego. El Mundial de 2006 le llegó tras una lesión de gravedad en su rodilla izquierda que le había dejado cinco meses fuera de las canchas, pero en Sudáfrica fue titular en todos los partidos que coronaron a España como nueva campeona del mundo.

Sólo en los últimos tiempos ha visto tambalearse su puesto. La época de crisis y reflexión del club azulgrana ha rebajado su caché. Participa menos, no decide como en sus mejores épocas, no logra imponer sus ideas en el campo y ha asumido un discurso victimista ante los problemas de resultados. En lo personal, ha dejado la casa de sus padres después de casarse. «Para llegar alto, hay que olvidarse de las discotecas y las chavalas», le dijo Manel Lobo y él lo siguió a rajatabla hasta cumplir los 30 años, cuando rompió su relación con su eterna novia para conocer provisionalmente otras experiencias y finalmente asentarse con un matrimonio. En lo deportivo, ha superado a su ídolo Guardiola, por el que suele llevar el cuatro a la espalda, como uno de los símbolos del mejor Barça de la historia. En el césped, sigue siendo el hombre que analiza cada paso y cada estrategia para que su voz se oiga. El reloj de España ha perdido su precisión y está «viejito», pero en Brasil seguirá marcando la hora de Vicente del Bosque.

 

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