Luka Modric, la estrella del equipo

Modric, durante un partido./
Modric, durante un partido.

Jugó en el Dínamo desde los dieciséis años hasta que a mediados de 2008

DIEGO RUIZ

Luka Modriç es la tarjeta de presentación del juego de Croacia. Su manera de moverse por el césped, en el centro del campo, podría servir para conocer los secretos de esta selección. Él reúne todas las cualidades del conjunto que dirige Niko Kovic: Talento, potencia, velocidad, fondo físico, técnica y un buen tiro desde fuera del área.

Pero lo que destaca este futbolista nacido el 9 de septiembre en Zador y criado deportivamente en el Dínamo de Zagreb, es su gran capacidad de trabajo. En cada partido corre kilómetros y kilómetros con el balón en los pies buscando el pase perfecto o el chut lejano a puerta. Es, además, generoso con el juego de equipo y un organizador nato. Y más desequilibrante cuanto más cerca esté del área. Su único fallo es quizás su irregularidad. Hay partidos en los que brilla mucho más que en otros.

En su país se le admira y se pondera su talento. De hecho, se le llama el Cruyff de los Balcanes y no tanto por su parecido físico con el astro holandés como por su forma de jugar al fútbol.

Modriç, de 28 años, jugó en el Dínamo desde los dieciséis años hasta que a mediados de 2008 fichó por el Tottenham inglés. Allí depuró su forma de juego, creció deportivamente. Dos años antes había debutado con la selección nacional con la que ha jugado 42 partidos. Con el Madrid fichó en 2012. Con la selección de su país ha disputado 42 encuentros y ha marcado siete goles.

 

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