La bici, un pasajero incómodo en el metro

Una pasajera transporta una bicicleta en el metro./
Una pasajera transporta una bicicleta en el metro.

SUR comprueba hasta qué punto los ciclistas son bienvenidas en el suburbano de Málaga

NURIA TRIGUERO

"Mal día para meter la bici aquí". El vigilante que así nos advierte es realista: la larga cola de ciudadanos para estrenar la estación El Perchel anticipa que no será sencillo entrar a dos ruedas en el suburbano. Sin embargo, basta un poco de paciencia para conseguir bajar al vestíbulo mediante el ascensor, que es la vía que deben seguir las bicis en lugar de las escaleras mecánicas. Empezamos así el periplo ciclista por el metro de Málaga. El objetivo es comprobar si, como se ha dicho, es junto al de Bilbao el más 'cycle-friendly' de España.

Resumen de la experiencia: las bicis son bienvenidas, aunque con peros. Sólo pueden entrar en los vagones cuando éstos no estén saturados, tal y como recuerdan una y otra vez los vigilantes, y sólo pueden subir dos ciclistas por tren (aunque, según nos dice otro empleado, tienen órdenes de aplicar el sentido común: si un convoy va muy vacío se permite que entren más bicis). En cualquier caso, la alta afluencia en el día de la inauguración hace que tengamos que esperar que pasen tres trenes para poder subir en la línea de la Universidad. Así que si se va de paseo, perfecto; pero si se tiene prisa por llegar a algún sitio, la combinación bici-metro no es la ideal.

Una vez dentro del vagón, hay que buscar la zona habilitado para las bicis, y aquí viene el principal problema: se trata de un pequeño espacio que deben compartir los ciclistas, las sillas de ruedas y los carritos de bebés (estos dos últimos con preferencia), pero además hay asientos abatibles. En el momento en que subimos, éstos se encuentran bajados y ocupados por pasajeros que no están dispuestos a levantarse. Y si la bici no puede ir en su lugar, dado el pequeño tamaño de los vagones, estorba al resto de viajeros e incluso puede representar un peligro si hay vaivenes.

Una vez que el vagón se queda más tranquilo y podemos situar la bicicleta en su espacio habilitado, con su cinturón de seguridad abrochado (una excelente idea), podemos ya respirar tranquilos. Misión cumplida. En cuanto a las instalaciones del metro, se puede concluir que son perfectamente compatibles con la bicicleta (ascensores, vestíbulo, pasillos, andenes...) con una excepción: los tornos de entrada se cierran demasiado pronto y chocan con la rueda.