EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

IBAa hacer un ingenioso (sic) juego de palabras utilizando una terminada en uda pero mi supervisor objetó el intento y quizá con toda la razón. Iba a resultar una horterada. Así que he tenido que conformarme con el que antecede que no tiene en la actualidad mucha chispa. Hace tiempo que, afortunadamente, no se pierde un avión ni desaparece una embarcación en esas latitudes. No sé si es porque se desactivó el misterio o porque las naves se han apartado de esas rutas. Ya ni se habla del fenómeno que era tan jugoso. Como un agujero negro. Seguro que afectó a la colonia británica que se llama así: Bermuda en inglés aunque en castellano le decimos Bermudas que es, como todos sabemos, más bien el nombre del archipiélago que, dicho sea de paso, no tiene muchas islas, unas ciento cincuenta, más o menos. No más de veinte son visitables. Las demás, por eso porque no se puede desembarcar en ellas, son un tesoro de la naturaleza. Sus primas, en cambio, las Bahamas, se componen de más de setecientas islas, islotes, peñascos, cayos y rocas para parar un tren. Casi todas están deshabitadas y en una época se podían vender, así que ya sabe: con unos dólares tiene su retiro ideal. Bermuda se llama así por Bermúdez, un audaz explorador, español por más señas, que descubrió el paraje que se perdió como tantas cosas en favor de los ingleses. Hoy nos queda el consuelo de los pantalones, del largo justo: unos cuantos centímetros sobre la rodilla que aún no necesitamos guardar con el calorazo que está cayendo en Marbella.

No quería hablar de geografía, tema que me gusta, no puedo negarlo, sino de moda, de la que entiendo poquísimo pero que me encanta. Este verano nos ha traído una nueva: la de la camisa atada en pico describiendo un espacio vacío por el que se atisba la piel. El agujero describe un triángulo de mayor o menos tamaño según el volumen y el deseo de quien lo luce. Hace tiempo que se decidió que el vientre era un espectáculo digno de observarse. Por allá se inventó una danza cuyo epicentro era justamente esa parte de la anatomía y aquella otra de los velos que también radica allí. Los que somos mayores recordamos una escena en que una famosa actriz italiana bailaba para Salomón. Aclaro que algunos somos mayores pero no tanto: no somos contemporáneos del rey sabio. La escena inolvidable le costó la vida al espectador afortunado que se murió en Madrid y tuvo que ser sustituido por otro actor con el corazón más firme. Así que no hay nada nuevo en exhibir esa parte del cuerpo con bastante éxito.

Lo que tampoco es nuevo es la velocidad con que se propagan las modas por el universo entero. Durante el mes de agosto tuve la suerte de estar en cuatro ciudades distintas, unas muy alejadas, y comprobé que los atuendos eran los mismos en todas partes. Me dicen que es por obra y gracia de las llamadas redes sociales. No sé. Cuando este medio de comunicación no existía, el invento de doña Mary, por ejemplo, corrió como el aceite y se acortaron las faldas en Pernambuco y en Tombuctú -es un decir porque no lo tengo comprobado- en cosa de días. Otras manifestaciones de la cultura distan mucho de ser permeables, se resisten obstinadamente. A veces, sólo a veces, un libro que se publica con gran éxito en un país alcanza el mismo grado de acogida en otro. Incluso la música que es un medio de comunicación internacional y hasta intergeneracional (no referido a las generaciones sino al género, humano y animal), cuesta que se implante automáticamente en otros sitios distintos a su lugar de origen.

El estilo del corte de pelo se expande instantáneamente. Si alguien, me gustaría saber quién, se le ocurre que a los varones nos sienta mejor el raparnos el cogote hasta la antigua raya y dejarnos crecer la pelambrera como lo hacía la tribu que idealizó el señor Cooper, en lugar de correrlo a gorrazos, consigue que su peculiar sentido de la estética se difunda por todo el orbe y encuentres mohicanos allí y aquí.

Una cosa tiene en común ver el triángulo de marras con el del Atlántico Norte. A veces también te puedes perder.