El taxi de los conflictos

El taxi de los conflictos

CALLE ANCHAFRANCISCO MOYANO

AL final de la década de los años sesenta del pasado siglo XX, uno de los pioneros de la industria cinematográfica española, director y productor fundamental en la historia del cine patrio, Benito Perojo, se encontraba en una precaria situación económica. Con la idea de ayudarle, los directores José Luis Sáenz de Heredia y Mariano Ozores, dirigieron conjuntamente una película estrenada en 1969 con el título de 'El taxi de los conflictos'. En el reparto figuraban decenas de primeras figuras del espectáculo, con la singularidad de que, debido a la causa altruista, nadie cobró por su intervención, excepto el protagonista, Juan José Menéndez. El título, que no el argumento de la película, ha cobrado actualidad en las últimas semanas, debido a la huelga patronal del taxi, surgida en Cataluña y extendida como una pertinaz epidemia por toda España, de manera que la pretendida y proclamada en su momento, república catalana, no ha hecho ascos a la 'solidaridad' del Reino de España. El taxi en Marbella también se lanzó al paro y al perjuicio de los ciudadanos, que ni son responsables de la legislación gubernamental, ni por acción ni omisión, ni entienden muy bien porqué siguen existiendo colectivos profesionales que se sienten con el derecho de tomar como rehenes a los ciudadanos para conseguir reivindicaciones, seguramente legítimas, pero que no les reporta precisamente las simpatías, especialmente si se hace uso de aspectos violentos. Como en cualquier otra faceta, también existe la historia no escrita del taxi en Marbella y que se remonta, más o menos documentada a los años de la posguerra, década de los cuarenta. Pero sin duda también existieron durante la República. En los 'años del hambre', el parque automovilístico privado de Marbella era tan escaso que solamente unos cuantos ciudadanos contaban con vehículo: Norberto Goizueta, los médicos Adolfo Lima y Antonio Maíz Viñals, el notario Manuel García Mayor (antecesor de Luis Oliver Sacristán) y el farmacéutico Juan Lavigne. Los marbelleros no lo tenían fácil para los desplazamientos. Para ir a Málaga, en un viaje de unas tres horas, se usaba los servicios, precarios, de la empresa concesionaria Automóviles Portillo, titular de la línea de Málaga a Algeciras desde la época de la dictadura de Primo de Rivera. La salida y llegada de autobuses se encontraba junto al café La Jaula, en el Paseo de la Alameda, donde Juan Rodríguez 'Latero', hacía sonar una campana anunciándolo. Existe una grabación simulando ese momento realizada por el propio Juan Rodríguez, ya anciano, registrada por el técnico de sonido de Radio Nacional de España, Antonio Hidalgo Rodríguez. Los taxistas de los años cuarenta, en Marbella como en otros sitios, se enfrentaron al gran problema de la falta de gasolina, de forma que adaptaron a los coches los denominados gasógenos que utilizaban como combustible la leña. Para la preparación de un programa televisivo hace años, eché manos de la memoria privilegiada de Pedro Moyano González, ya entonces sobrepasando con creces los ochenta años. Recordaba a los siguientes taxistas: Pepe Serrano, Juan Gutiérrez, Paco Vázquez "Almejita", Benito Ferreira, Joaquín Serrano, Salvador Leiva, Curro Lara, Domingo Sánchez, Curro Mata, Pepe Reinaldo y Antonio Guerrero Naranjo. Había más sin duda. Más cercano en el tiempo, Miguel Puerta y Antonio Puerta, que eran primos, de la familia de Juan Puerta, de los viveros de igual denominación. La necesidad puede ser que, en ocasiones, haga la virtud y de esta forma, las frecuentes averías de los autobuses de Portillo y la lentitud hizo que, sobre todo en la conexión con el Campo de Gibraltar muy vinculado al contrabando o 'estraperlo', comenzasen a funcionar los taxis colectivos o compartidos, con algunos taxistas especializados en esa actividad. Sobre el tema del contrabando recientemente se ha publicado un recomendable libro escrito por Antonio de Sola con el título de 'Amor y Contrabando en Gibraltar'. Pero no solamente los taxistas titulares ejercían como tales; con el paso de los años, ya en los sesenta, cuando el número de propietarios de automóviles aumentó, había particulares que también, mediante el acuerdo verbal, transportaban viajeros. En este sentido mencionaré como ejemplo el de los hermanos Alfonso y Antonio Román, que regentaban respectivamente una mercería y una tienda de armas y material para cazadores en el Casco Antiguo. Sus coches, frecuentemente prestaban servicio público. No hay constancia de ningún tipo de conflicto. Cabe esperar que mediante la adecuada legislación, la convivencia entre el taxi tradicional y las nuevas alternativas termine siendo cordial y el sector vuelva a recuperar la imagen de imprescindible servicio público.

 

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