El rastro sangriento del crimen organizado en la Costa

Vista de la calle de Estepona donde a principios de mes se produjo un secuestro tras un tiroteo./EFE
Vista de la calle de Estepona donde a principios de mes se produjo un secuestro tras un tiroteo. / EFE

Las Fuerzas de Seguridad contabilizan ya una veintena de episodios violentos en lo que va de año en la provincia

HÉCTOR BARBOTTA MarbellaJUAN CANO MálagaALVARO FRÍAS

El crimen organizado ha dejado este año un rastro sangriento sin precedentes en la Costa del Sol. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado –Policía Nacional y Guardia Civil– contabilizan ya una veintena de episodios violentos, entre asesinatos, secuestros, tiroteos y apuñalamientos, que sus investigaciones relacionan con organizaciones criminales y que se han concentrado en la franja litoral entre Fuengirola y Estepona. El último tuvo lugar la madrugada de ayer, cuando detonaron dos artefactos explosivos –un modus operandi que tampoco tiene precedentes en la provincia– en la casa y el negocio de un empresario en Benahavís y Marbella, respectivamente.

No hay que profundizar demasiado en las hemerotecas para buscar un precedente. Hace apenas una semana, unos encapuchados secuestraron a tiros, con total impunidad y en mitad de una arteria principal de Estepona, a un joven de 28 años con antecedentes policiales. La víctima, Brian Martos, al que los investigadores relacionan con el narcotráfico, fue abordada por sus captores cuando cenaba acompañada en el restaurante Mister Noodles, en la avenida de España. Había acudido a una cita que, al parecer, pudo ser una trampa.

El joven huyó a la carrera y fue perseguido por los encapuchados, que dispararon al aire y provocaron una auténtica estampida entre los clientes que pasaban la velada en las terrazas de los bares de la zona. Le dieron alcance a 150 metros, en el bar Toolone, donde le golpearon con la culata de las pistolas que portaban y lo arrancaron –literalmente– de la barandilla a la que se agarró para impedir que lo secuestraran.

Brian Martos fue hallado muerto apenas hora y media después en un carril de tierra próximo al hospital Punta Europa Algeciras. Los agentes lo reconocieron inmediatamente por sus tatuajes. El joven, natural de Valencia, se había criado en el Campo de Gibraltar, territorio que dominaba a la perfección, aunque actualmente residía en Sotogrande. Al contrario de lo que trascendió, no fue ejecutado de un disparo en la cabeza ni fue apuñalado. La autopsia desveló que recibió un único tiro en el brazo izquierdo, con orificio de entrada y salida, que después le atravesó el tórax de lado a lado, perforándole los pulmones y el corazón.

El crimen de Brian Martos cerró un verano negro en la Costa. El 5 de agosto, dos ciudadanos belgas fueron tiroteados a la salida de una discoteca en Marbella (les alcanzaron en los hombros, pero los tiros iban dirigidos a la cabeza). Nueve días después, dos suecos fueron secuestrados y torturados en una vivienda en Mijas. Uno de ellos murió y otro resultó herido grave. La Guardia Civil detuvo unas horas después a tres compatriotas como presuntos responsables de los hechos. No había pasado una semana cuando agosto volvió a teñirse de sangre. El día 20, un encapuchado ejecutó a un hombre en la puerta de su casa en Estepona y luego huyó en una bicicleta.

Septiembre empezó en la misma línea. El día 8, un británico de 35 años se vio sorprendido por cuatro encapuchados cuando al parecer acudía a una cita en un lugar apartado de una urbanización marbellí, adonde llegó en un taxi desde la Estación María Zambrano. Llevaba apenas una hora en la provincia cuando lo tirotearon, apuñalaron y torturaron hasta desfigurarlo con la 'sonrisa del Joker', también conocida como 'The Glasgow smile', que consiste en hacer dos cortes a ambos lados de la cara, desde las comisuras hasta las orejas.

Apenas dos días después, Sean Hercules, también británico, de 39 años, se enfrentó a tiros con los tres policías del Grupo de Atracos que iban a identificarlo en su habitación del aparthotel donde se hospedaba en Estepona. Tras más de 60 disparos, el inglés cayó abatido. Tenía una treintena de antecedentes, algunos de ellos por drogas y armas. Y al día siguiente, 11 de septiembre, los Tedax detonaron un artefacto explosivo en una urbanización marbellí que vincularon casi desde el principio con el crimen organizado.

La anterior espiral violenta data de mayo, mes en el que se concentraron tres muertos, dos tiroteos y dos secuestros, entre ellos el de 'El Maradona', asesinado a tiros en la puerta de una iglesia en San Pedro, o el de una pareja abandonada en una cuneta junto al Hospital Costa del Sol. Antes, en febrero, cinco encapuchados mataron a golpes a un cabrero e hirieron a otros dos en un cortijo en Casares.

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