«La poesía tiene que estar pegada a la piel de la vida»

Luis García Montero en Marbella el pasado 10 de agosto, antes de su intervención en 'Marpoética' / JOSELE-LANZA
Luis García Montero en Marbella el pasado 10 de agosto, antes de su intervención en 'Marpoética' / JOSELE-LANZA

Luis García Montero Poeta y ensayistaEl nuevo director del Instituto Cervantes, ponente en Marpoética, reivindica el peso de la juventud y el criterio propio en la sociedad

DANIEL DOLS MARBELLA.

«Yo ya estuve en Marbella en el 83 con Rafael Alberti» recuerda Luis García Montero (Granada, 1958) mientras ojea un folleto del festival de poesía Marpoética. Desde aquella visita a Marbella ha pasado mucho: su poesía ha sido reconocida con los premios nacionales más prestigiosos, encabezó la candidatura de Izquierda Unida en Madrid, se hizo catedrático de Literatura Española y empezó a compartir su vida con la escritora Almudena Grandes. Ahora, vuelve sobre sus pasos como ponente de Marpoética, acompañado de sus amigos y poetas Felipe Benítez Reyes y Eloy Sánchez Rosillo. Ambos le esperan, cerveza en mano, dentro del hotel donde se alojan. Cuando aparece por la puerta, Sánchez Rosillo le recibe al grito de «¡Ilustre colega!». Se dan un abrazo cariñoso, pide aplazar la cerveza que le habían guardado en la barra y encaja con humildad las felicitaciones por el cargo que ostenta desde hace casi un mes, el de director del Instituto Cervantes.

-Recién nombrado director del Instituto Cervantes, le ha dado tiempo a mantener compromisos profesionales, como Marpoética...

-Tenía la invitación a participar en Marpoética desde hace meses, y tengo muy buena relación con la delegación de Cultura del Ayuntamiento de Marbella. Es un festival que tiene mucho prestigio en España y este año lo dirige un buen amigo: el poeta y periodista Antonio Lucas. Es verdad que la toma de posesión del Instituto Cervantes ha cambiado completamente mi vida, pero quería aprovechar uno de mis días de vacaciones para no fallar a Marbella.

«Una sociedad se consolida en el diálogo generacional»

-En su presentación se pudo ver a Joaquín Sabina o Miguel Ríos, que además de amigos suyos son personalidades reconocidas. ¿Cómo valora su apoyo?

- Yo me sentí muy cómodo con gente que es tan sólida en su profesión que no le debe favores a nadie. El Instituto Cervantes trabaja de forma independiente para defender la cultura en español, la voluntad iberoamericana, la defensa y divulgación de todas las culturas que se integran en la nación española; y que haya gente de prestigio que ayude al trabajo del Cervantes a mí me parece muy importante.

«Hay mucha gente que cree ser un magnífico poeta por colgar un poema y tener 20.000 'likes'»

-¿Va a contar con ellos, al igual que hizo en su etapa en IU?

- Joaquín Sabina me contó que en el Instituto Cervantes solo había estado una vez hace años, en la sede de Nueva York. Estaba dando un concierto en la ciudad y le invitó el Cervantes. Él fue y en la sala que le metieron llegó un momento en el que no cabía la gente por la puerta. Pues si yo quiero darle apoyo a algunos de los centros que hay por el mundo y un nombre de la música puede prestarme su ayuda para enseñarle a la gente qué hace el Cervantes, intentaré aprovecharme. Pero esa no es la tarea. La tarea es fortificar el trabajo cotidiano del Cervantes.

-¿Pretende desvincular el idioma de la Marca España?

- A mí me parece un error quien habla del español como Marca España. Hay que ser conscientes de que somos el 8% de los hablantes del español. El español tiene que ser de todos y trasciende a nuestras fronteras. Ahí empezó un trabajo estupendo la RAE, que yo quiero seguir, que es el concepto de lo panhispánico. La fuerza de nuestro idioma, para España y en el mundo, es que también es el idioma que se habla y que pertenece a otros tantos países. Podemos poner como Marca España el aceite de oliva, pero el español no, porque eso es algo que trasciende a nuestras fronteras.

Poesía y sociedad

-Ir a un festival de poesía en verano es un plan distinto a los habituales. ¿La sociedad de consumo le come terreno a la cultura?

-La tentación más fácil es identificar el turismo con tomar el sol y estar en la playa. Querer dar una oferta cultural a la gente me parece que es dignificar el proyecto de ciudad y de cómo la ciudad se piensa a sí misma. Por otra parte, me parece que la poesía representa exactamente lo contrario a la sociedad consumista, sobre todo mercantilista, en la que vivimos. Fíjese que vivimos no ya en una sociedad que se mueva mucho por el dinero y el consumo, sino que además convierte en objeto de consumo los valores más importantes de nuestra vida. Frente a todo eso, se levanta la poesía, que es un esfuerzo por reivindicar la dignidad del ser humano fuera del simple vértigo de la mercantilización.

-¿El hombre común se está alejando de la poesía?

-Ese es un problema que me preocupa mucho. Se está creando una realidad donde la gente dice lo que piensa sin pensar lo que dice. Fíjese en la cantidad de barbaridades que se mueven por las redes. Vivimos en una sociedad donde la mayoría de la gente no es dueña de sus propias opiniones. Hay poderosos medios de control de las conciencias, donde la gente repite como un rebaño lo que flota en el ambiente. Por otra parte, la cultura popular está siendo sustituida por aquello que vamos a simbolizar en la telebasura. Esa cultura que simplemente mueve los instintos más bajos, que tiene mucho que ver con no pensar lo que se dice. Esas tertulias televisivas que hay, donde la gente se cree que puede opinar de todo, confundiendo la opinión y la ocurrencia con el conocimiento. Todo eso se va poniendo en la sociedad. Y ahí es donde me preocupa lo que usted plantea, porque lo de menos ya no es la poesía como género, sino lo que puede simbolizar la poesía para el ser humano, que es una cultura donde los individuos sean dueños de sus propias opiniones, de sus propios sentimientos. Donde impere una educación sentimental que no nos aboque a los instintos más bajos del odio, del miedo, del desprecio al otro.

«El que llega y se cree que lo está inventando todo está envejecido a la semana siguiente de su aparente éxito»

-Usted suele decir que hay que escuchar a los jóvenes y viceversa. ¿Por qué le da tanta importancia a este diálogo?

-Rafael Alberti me enseñó una lección de la que me doy cuenta mientras voy cumpliendo años, y es que hay que respetar a los jóvenes. Cuando uno cumple años es muy fácil convertirse en un viejo cascarrabias. La sociedad ha cambiado tanto que mi hija tiene una educación sentimental totalmente distinta a la mía. El mundo de valores, de responsabilidades, de exigencias es totalmente distinto. La tentación es sentirse uno fuera y decir que los jóvenes son tontos. Y eso es un error tan grave como el joven que cree que no tiene nada que aprender de sus mayores y de manera adánica piensa que se lo está inventando todo. Una sociedad, y esa es la tradición literaria, se consolida en el diálogo generacional. Lo que el joven puede aprender de los mayores, lo que los mayores pueden aprender de los jóvenes, y de qué manera uno es consciente de que el legado que viene de lejos tiene que ser asumido por los jóvenes pero no para repetirlo, sino para adaptarlo al mundo en el que viven y ahí encontrar respuestas.

-¿Cómo afecta a la poesía los 'likes' en las redes sociales?

-Hay mucha gente que se cree que es magnífico poeta por colgar un poema en la red y tener a los cinco minutos 20.000 'likes'. La poesía no tiene que ver con esos 'likes' que pueden venir del aborregamiento. Por muchos seguidores que tengan, deben admirar a los grandes poetas y considerarse herederos de una tradición, porque si no esto va a ser una simple moda que aporte poco a la cultura. La única raíz que tiene la poesía para luchar contra el vendaval de las modas es la honestidad de leer y la capacidad de admirar a los que han estado antes que tú. El que llega y se cree que lo está inventando todo está envejecido a la semana siguiente de su aparente éxito. A partir de ahí, mi experiencia me dice que lo bueno que tenga que venir de la poesía lo aportarán los jóvenes, porque la poesía tiene que estar pegada a la piel de la vida, y tiene que estar pegada a la educación sentimental de la gente. Y quienes forman y mejor viven eso son los jóvenes.

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