Poco tiempo para un debate imprescindible en Marbella

Tras el 28A y su resaca sólo quedan tres semanas para analizar los problemas de la ciudad y debatir sobre sus soluciones

Poco tiempo para un debate imprescindible en Marbella
Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

La superposición de elecciones suele ser una buena fórmula para abaratar costes, pero impide que los asuntos que deben tratarse en cada convocatoria cuenten con el tiempo de debate y reflexión necesario. La celebración de elecciones de manera separada es más cara, pero permite distinguir y valorar las propuestas que los partidos hacen en los diferentes ámbitos de competencia. En esta ocasión no tendremos ni una cosa ni la otra. El domingo pasado acudimos a votar en las elecciones generales, y ahora, con los partidos aún haciendo la digestión de lo que ha sucedido, hay que afrontar el debate municipal. También el europeo. Hemos tenido la opción cara, pero además nos encontraremos con cierta dificultad para comenzar una nueva reflexión cuando aún estamos con la resaca de la anterior, con el debate nacional todavía abierto, la formación del nuevo gobierno pendiente y algunas formaciones cambiando de estrategia sobre la marcha.

Pese a todas estas dificultades habrá que hacer el esfuerzo, porque a fuerza de seguir escuchando repetidos los eslóganes y los razonamientos del proceso que concluyó con las elecciones del pasado domingo o las rectificaciones sobrevenidas, según el caso, se puede correr el riesgo de no abordar los grandes temas pendientes que la ciudad tiene por delante y que es necesario abordar. Sin pérdida de tiempo.

Hay dos debates que es necesario separar, aunque la escasa distancia entre una elección y otra lo hará difícil. El primero es estrictamente municipal y gira en torno a la capacidad o el interés que tendrán los partidos en poner sobre la mesa las cuestiones locales que deberían debatirse en la campaña municipal. Estaría bien que la campaña sirviera para recordar que la movilidad empieza a convertirse en un grave problema en Marbella, que el Plan General tiene que resolver asuntos para los que no se ha encontrado solución en los últimos 15 años, para decidir cuánta autonomía debe tener San Pedro Alcántara si se quiere mantener un adecuado equilibrio de eficacia y optimización de recursos.

La pregunta es si en unas elecciones que se celebrarán aún con la resaca de las elecciones generales, con el debate aún abierto sobre la formación del nuevo gobierno, con elecciones autonómicas en la mayor parte de España y con una convocatoria simultánea de elecciones europeas, esos asuntos trascendentales para la vida cotidiana de los vecinos de Marbella encontrarán un hueco no sólo en el discurso de los partidos, sino también en el interés de los ciudadanos. Seguramente será sano desconfiar de quienes propongan generalidades, recurran a lugares comunes, no demuestren conocer la ciudad y sus problemas y no ofrezcan propuestas concretas para esta ciudad concreta.

La manera en que algunos partidos resolvieron la composición de sus listas electorales demostró que hay formaciones para las que las elecciones municipales no son más que una pieza más en un tablero estratégico que abarca a todo el país. Existe más interés en que la marca no se vea salpicada por algún episodio desagradable que en lanzar propuestas y soluciones a escala local.

El segundo debate es sobre la influencia que el resultado de las elecciones generales tendrá sobre las municipales y, concretamente en Marbella, cómo influirá en lo que se ha venido llamando el 'bloque de la derecha', visiblemente resquebrajado tras la derrota del domingo, el sorpasso de Ciudadanos sobre el Partido Popular y el volantazo abrupto e improvisado de Pablo Casado.

El PP, que desde 2007 ha venido ganando con abultada diferencia las elecciones municipales en Marbella –aunque sin mayoría absoluta en la última convocatoria–, acude a la cita con las urnas del 26 de mayo con más incertidumbre que nunca. Ser superado por un PSOE en ascenso en unas elecciones generales en las que la derecha presentaba tres ofertas diferentes podía suponer un escenario previsible, aunque los socialistas no lo conseguían desde 2004, pero quedar por detrás de Ciudadanos no entraba siquiera en los cálculos de los más pesimistas. El argumento de que en las elecciones municipales el peso de los candidatos en la decisión de los votantes es determinante apenas sirve para disimular el rictus de preocupación que se dibujó el domingo por la noche en los responsables del Partido Popular.

Es verdad que los resultados obtenidos por Ángeles Muñoz en la votación para el Senado fueron sensiblemente mejores que los de su partido. Ahí se aferran los populares para encarar las tres semanas que quedan hasta las elecciones. Las cartas del PP parecen pasar ahora por erigirse en la fuerza más votada entre las tres derechas y a partir de ahí encarar una negociación que seguramente no será sencilla para conseguir retener la Alcaldía.

Esta apuesta del PP por el peso de su candidata parece tener sentido sobre todo si se compara el bagaje de experiencia de Ángeles Muñoz y su conocimiento frente a las aspirantes designadas tanto por Ciudadanos como por Vox. Dos completas desconocidas cuya elección, además, ha suscitado tempestades internas en los dos partidos. Con ambas designaciones, tanto el partido naranja como la formación de extrema derecha han enseñado cartas con algunos elementos comunes. Parecen elecciones realizadas más en clave interna que de cara al electorado y con escasa ambición de optar a la victoria.

Eso parece una buena noticia para el Partido Popular. La mala es que compartir espacio con dos formaciones con tan escaso arraigo local obligará, llegado el caso y si la matemática electoral lo permite, a afrontar las negociaciones de cara a una posible investidura como parte de un acuerdo más amplio donde el Ayuntamiento de Marbella puede ser una ficha más, y no la principal, de un tablero provincial o incluso regional.

El PP, además, deberá iniciar la campaña electoral con un partido a nivel nacional despistado, con un líder imprevisible que no parece que vaya a dejar de dar bandazos, desorientado después de tanto viaje ideológico desde el centro liberal a la derecha más conservadora y vuelta al centro. Ángeles Muñoz –que siempre ha estado en el sector más templado del PP y que lleva tiempo asistiendo con disgusto al discurso rancio de Casado– hará lo posible por poner su marca personal por encima de la que hoy día puede ofrecer su jefe de filas, tan joven como amortizado.

La situación es totalmente diferente en el PSOE. Su candidato, José Bernal, reconoció tras las elecciones que el resultado no es extrapolable a unas municipales, pero sí importante por el envión anímico que ha supuesto para los militantes y votantes socialistas.

Los socialistas saben que están ante la gran posibilidad de convertirse por primera vez tras la era Gil en el partido más votado en unas elecciones municipales. La dificultad la pueden tener a la hora de buscar socios suficientes para formar gobierno. Tras su traumática ruptura con OSP y la debilidad de los posibles aliados a su izquierda, el gran problema de los socialistas puede ser encontrarse con una victoria en votos y en ediles que sin embargo no le alcance.

Habrá que ver, sin embargo, que política adoptará Ciudadanos en su objetivo ya indisimulable de pasar a encabezar la derecha, con tantos virajes ideológicos, también en el partido naranja, como sean necesarios. Si opta por ahogar al PP, podría acabar por darle alcaldías y diputaciones a los socialistas, una posición que resultaría difícil de entender por los votantes del espectro ideológico que aspira a liderar. Si hace lo contrario, podría darle oxígeno al enemigo al que pretende desplazar.

Será, en todo caso, una difícil elección que, de producirse ese escenario, visto lo visto se tomará lejos de Marbella.