Los ojos de Veranika

Veranika Barabanava acompañada de su familia de acogida. :: josele-lanza/
Veranika Barabanava acompañada de su familia de acogida. :: josele-lanza

En Marbella solo hay una familia que participa en el proyecto de acogida que organiza la asociación 'La Sonrisa de un Niño'

CRISTINA MORILLA MARBELLA.

Buscando la poca sombra que a esa hora había en el Parque de la Alameda, juega Veranika Barabanava con unos ojos azules que sin lugar a dudas no deja indiferente a ninguno de los transeúntes del lugar. Todo esto ocurre bajo la atenta mirada de Mónica y Miguel que aunque no sean sus padres biológicos la cuidan como si lo fueran.

Le sigue el juego, con una vestimenta idéntica, un vestido de rallas azul y blanco, Lucía, la hija pequeña de la pareja. Sin duda la menor, que tiene ocho años al igual que Veranika, ha encontrado en esta una compañera de juegos y casi a una hermana. «Lucía el año pasado se puso triste cuando Veranika se fue, decía que ahora con quién iba a jugar», destacaba el marbellí.

Miguel y Mónica, jardinero y limpiadora, se consideran una familia humilde pero eso no les impide acoger a esta niña cuyo lugar de residencia se encuentra a casi 4.000 kilómetros de distancia: vive en Bragin, en la provincia de Gomel, Bielorrusia. Se trata de una de las zonas afectadas por la catástrofe de Chernóbil que a día de hoy sigue con unos altos niveles de radiación.

La familia marbellí, que es la única del municipio que participa en este proyecto, que forma parte de la asociación 'La Sonrisa de un Niño', reconoce que se adentró en este mundillo porque querían colaborar con alguna causa de este tipo. «Nos enteramos por Youtube», afirma Miguel, a lo que su mujer añadía «viendo un reportaje del tema Chernóbil, de la catástrofe y de los niños de acogida de Sevilla. Entonces quise buscar si en la zona de Málaga había alguna asociación y encontré esta».

Veranika es el segundo año consecutivo que viene a Marbella con esta familia. La pequeña, que tiene dos hermanos más, que también han estado de acogida en Italia, procede de una familia humilde con pocos recursos, siendo su madre ayudante en una guardería y su padre agricultor.

Desde finales del mes de junio y hasta finales de agosto, llegando a completar un ciclo de 50 días, Veranika estará de acogida por esta familia. Durante su estancia ella y los 17 niños, que se encuentran con otras familias de la provincia, acuden al oculista y al dentista, de forma gratuita, ya que en su lugar de residencia no cuentan con estos recursos.

«El año pasado tuvimos que ir varias veces a Málaga, -que es donde se encuentra la clínica dental- porque tenía la boca con muchas muelas picadas a consecuencia de la radiación», explicaba Miguel.

Y lo más importante. Durante estos dos meses la radiación que los pequeños tienen acumulada en su cuerpo, a consecuencia del accidente nuclear, se ve reducida llegando a mejorar su calidad de vida.

La asociación

'La Sonrisa de un Niño' lleva realizando esta labor más de 20 años, concretamente desde 1997. Esta asociación se centra en la acogida de niños bielorrusos afectados por la catástrofe de Chernóbil, y con pocos recursos, por parte de familias de la provincia de Málaga.

Según la pareja, que además tiene otra hija, Tania, la asociación les da la opción de elegir tanto el sexo como la edad del niño, pero no de seleccionar a este en sí. «Tú no lo eliges», concluye Mónica. Además, la corporación exige tres requisitos a las familias que quieran participar en este programa: el certificado de delitos sexuales, así como el de antecedentes penales y obtener un informe favorable que realiza la trabajadora social del centro.

En este caso es la familia la que corre con los gastos , que según Mónica son de unos 700 euros, destinados al viaje de ida y vuelta de la pequeña, además de contribuir en los gastos que conlleva la estancia de la monitora que acompaña a los menores.

Además de estos gastos, las actividades que la familia realiza, a título personal, también corren de su cuenta. No obstante, la asociación, de la que los padres son socios y por la que pagan una cuota de 20 euros anuales, organiza encuentros, gratuitos para los niños, como la visita la fábrica de Coca Cola o la comida que se organizó en la venta 'Los Pacos'.

Cuando se les pregunta a Miguel y a Mónica por el momento más especial desde que Veranika llegó a sus vidas responden lo siguiente: «Lo más especial es ver la evolución de ella, como se está adaptando, como disfruta de nuestro país y a nivel personal es muy gratificante, es como un hijo más», respondía la mujer, a lo que su marido añadía «te da más de lo que tú le puedas dar».

Aun así, Mónica lo tiene claro. «Ellos tienen su familia. Yo no soy su madre, soy una madre de acogida. Me siento madre de ella porque la cuido como a mi hija pero yo tengo muy claro que sus padres están en Bielorrusia y ese respeto es el que les guardo también».

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