Mujeres de justicia

Inmaculada Ramos en su despacho. /Ch. Márquez
Inmaculada Ramos en su despacho. / Ch. Márquez

Las juezas de paz de Casares y Manilva actúan como mediadoras entre sus vecinos y resuelven conflictos

Charo Márquez
CHARO MÁRQUEZ

No han estudiado la carrera de Derecho, tienen una formación académica media, pero imparten justicia, ellas son la ley en Manilva y Casares, son las juezas de paz. La labor de estas juezas pasa fundamentalmente por la inscripción de los nacidos y de los difuntos, celebran bodas, emiten certificados, resuelven conflictos relacionados con las lindes de los terrenos, deudas y también atienden juicios de falta de pequeña envergadura. Si los casos son complicados o implican grandes cantidades pasan al juzgado de primera instancia de Estepona.

Primitiva Pimentel tiene 74 años, lleva ejerciendo su función desde hace 16 años en Casares. Se ha dedicado toda su vida a su familia y a su casa. Y al Juzgado de Paz, al que acude un ratito cada día. Hace unos meses el pleno del Ayuntamiento ha vuelto a elegirla pese a que se habían presentado otros tres candidatos. Porque son los plenos municipales los que tienen la potestad para la elección de los jueces de paz. «Y eso que el Ayuntamiento es comunista y yo soy muy de la Iglesia», bromea Primitiva, que es catequista y tesorera de la Hermandad de la Virgen del Rosario. Pensaba dejarlo ya, as-egura, «pero me pidieron que me quedara, porque están acostumbrados a mi». Lo peor que lleva de su trabajo es tener que acudir a algún fallecimiento o tener que decidir entre vecinos quien tiene la razón en una disputa.

Inmaculada Ramos lleva siete años como jueza de paz de Manilva. Vive enfrente del edificio de Ayuntamiento, donde se encuentra su juzgado, pero trabaja en una residencia de ancianos. Intenta compaginar estas dos funciones.

A Ramos le suelen llegar impagos de obras, vecinos que por sus circunstancias no pueden hacer frente a las facturas por trabajos de construcción. «Pero como nos conocemos todos en el pueblo, yo trato de mediar para que si esa persona está en el paro, pues que pague una cantidad mínima hasta saldar su deuda», explica.

Manilva ha registrado este año algunos casos de delincuencia organizada y algunos asesinatos. Ramos se queja de la escasa seguridad en el municipio. «Esto es el pueblo sin ley. Aquí no se ve un municipal andando por el pueblo; estamos dejados de la mano de Dios porque es un municipio muy extenso y los coches están por Sabinillas», se queja.

Sin cotizar

Las juezas de paz cobran muy poco, dependiendo del número de habitantes. Primitiva cobra 115 euros al mes e Inmaculada 285 euros y no cotizan a la Seguridad Social aunque dependen del Ministerio de Justicia. Su labor no queda reflejada ni en su vida laboral, es una vocación, un servicio al pueblo poco recompensado.

Estas mujeres no tienen un horario fijo pero deben estar disponibles las 24 horas del día. «Yo no me puedo ir un fin de semana de descanso a otra provincia porque pueden llamarme a cualquier hora», señala Inmaculada. Pese a que deben mediar entre vecinos a los que ven todos los días, presumen de que no han tenido problemas con ninguno de ellos. Son mujeres respetadas, imponen la ley, tratan de ser justas y lo hacen por amor a sus pueblos.