La matrona Doña Concha

FRANCISCO MOYANO

Hasta la ciudadanía más ignorante en todo lo relacionado con la demografía, se encuentra familiarizada con la famosa 'pirámide invertida', consecuencia de que cada vez se alcanza mayor longevidad al tiempo que la natalidad se encuentra en guarismos alarmantes. Esta situación acarrea una problemática variada en la que siempre se destaca el sostenimiento de las pensiones y del propio sistema de Seguridad Social. Como acostumbra a ocurrir frecuentemente, las opiniones, estudios rigurosos e incluso los datos objetivos desde una perspectiva estadística, de los expertos en la materia son dejados de lado por los políticos, convertidos en especialistas de todo y sabiendo de casi nada. Tal es así que el partido que posee mayoría en el Congreso y en el Senado y que lidera la oposición, desata un debate imprevisto sobre la ley del aborto, sobre la que sostienen que es fuente de los males de la baja natalidad. Los datos oficiales parecen decir algo bien diferente, pero, de momento, iniciamos la gresca. Otra más. En los tiempos en que la natalidad era muy elevada y fomentada con incentivos económicos y premios ad hoc (premios de natalidad y los 'puntos"' traducidos en dinero en las nóminas de los trabajadores), en lugares como Marbella lo cotidiano era nacer en casa, asistido el parto por un médico y una matrona o partera; e incluso con la ausencia del médico. Los marbelleros nacíamos en casa. Con las mejoras sociales que se iban produciendo en España, se fue llegando al convencimiento de que era más seguro hacerlo en algún centro con las infraestructuras sanitarias adecuadas. En el caso de Marbella puede ponerse los ejemplos de la clínica del doctor Salcedo y de la Clínica Marbella. A pesar de ello se extendió la idea, llevada a la práctica, de que era mucho mejor desplazarse a algún centro de Málaga capital; de esta manera, durante muchos años, casi todos los marbelleros habían nacido en la capital. La situación cambió radicalmente con la apertura del Hospital Costa del Sol y otros de iniciativa privada. Desde la década de los años cuarenta del pasado siglo y hasta los años setenta la gran mayoría de los marbelleros nacían con la asistencia del doctor Antonio Maíz Viñals, quien había llegado en la posguerra con formación en ginecología. Maíz Viñals se convirtió en una institución y, junto a él, una mujer que llegó a la ciudad en 1940; se llamaba Concepción González Piaya y era partera o matrona a la que todo el vecindario llamaba doña Concha. Colaboró estrechamente con Maíz pero también con otros médicos. Durante años, familias de Marbella referían la eficacia de Maíz y doña Concha en más de un parto que presentó dificultades. Permaneció ejerciendo su cometido hasta 1968, momento en que se trasladó a Málaga y, por enfermedad, ingresó en el Sanatorio Gálvez. El colectivo de los pescadores siempre contó con la asistencia de doña Concha, un cometido que frecuentemente prestaba altruistamente. En agradecimiento, la Cofradía Sindical de Pescadores de Marbella, decidió, de acuerdo con el Ayuntamiento, tributarle un homenaje. En el mes de octubre de 1969, en un otoño que había traído trágicas inundaciones a la ciudad, una amplia delegación acudió a Málaga para entregarle a doña Concha un pergamino como testimonio de reconocimiento. Se encontraban presentes el alcalde, Francisco Cantos; el delegado provincial del Ministerio de Trabajo, Manuel Enciso; delegado del Instituto Social de la Marina, Bernardo Zulaica; Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores, Manuel Macías; el doctor Maíz Viñals en la doble faceta de médico y de teniente alcalde; de igual forma, familiares de la homenajeada. El acto tuvo un carácter íntimo, aunque se le dio difusión a través de la presan y de la emisora de Radio Marbella, de la Cadena Sindical. Además del agradecimiento de los pescadores de Marbella, el acto supuso el reconocimiento oficial de la Caja Nacional de Seguros Sociales del Instituto Social de la Marina. Doña Concha González Piaya fue propuesta para la medalla al Mérito en el Trabajo. Pero su mejor galardón era el recuerdo agradecido que dejó en el vecindario de Marbella, especialmente entre las familias de pescadores que, en aquellas décadas, pasaban por especiales dificultades. No hubo iniciativa para poner el nombre de doña Concha a una calle de la localidad; habría sido una forma de mantener el recuerdo de su labor; hoy absolutamente olvidada.

 

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