«Me pasé un año en la cárcel sin haber hecho nada, solo fui a pescar a aquella playa»

Martínez, en la playa de Cabopino (Marbella) en la que fue arrestado./SUR
Martínez, en la playa de Cabopino (Marbella) en la que fue arrestado. / SUR

Tomás Martínez estuvo ingresado en prisión después de que la confundieran con un narco y le detuvieran en Marbella. Pide una indemnización al Estado de 218.000 euros por los 345 días que estuvo entre rejas

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

«Solo estoy luchando por recuperar mi vida». Quien dice estas palabras es Tomás Martínez, un malagueño que se pasó casi un año en prisión siendo inocente. Le confundieron con un narco cuando se encontraba pescando en una playa de Marbella y, desde entonces, asegura que lo ha perdido todo. Ahora solicita al Estado 218.000 euros de indemnización por los 345 días que estuvo preso y las secuelas psicológicas que padece.

Su particular vía crucis comenzó en la noche del 21 de febrero de 2010. Aficionado desde pequeño, cuando iba a la playa junto a su padre y su hermano, Tomás decidió ir a la zona de Cabopino para pescar. Era domingo y, como no trabajaba el lunes, fue a gastar la carnada que le había sobrado del día anterior.

Era de noche: «Es el mejor momento, cuando el pescado se arrima más a la costa». La playa estaba vacía y él «muy tranquilo», hasta que sobre las diez de la noche escuchó un ruido detrás suya. «Eran una decena de tíos, de origen magrebí, que me dijeron que no me moviera de la silla. Que iban a hacer un trabajo y que luego se marcharían», relata.

Cuenta que uno de ellos se quedó en todo momento vigilándole y que le quitaron el teléfono móvil. Cuando vio la barca neumática cargada de fardos de hachís acercarse a la costa y a los hombres descargándola, «solo pensaba en que terminaran y se marcharan de allí» sin hacerle nada a él.

Tomás –malagueño de 48 años– tenía miedo, una sensación que se disparó instantes después del avistamiento de la embarcación. «Luego empezaron los tiros y un montón de agentes, al grito de 'alto Guardia Civil', irrumpieron en la playa», explica.

Un agente vestido de paisano le vigilaba, mientras Tomás indica que le explicaba que él no tenía nada que ver con todo aquello: «Me dijo que no me preocupara, que él llevaba desde las siete de la tarde en la playa y que era consciente de ello».

Tomás Martínez estuvo ingresado en prisión después de que le confundieran con un narco y le detuvieran en Marbella

Pero Tomás acabó esposado junto con los otros hombres que había en la playa. En su historia, adelantada por El País, es un mando de la Guardia Civil el que ordena su arresto y le pone a disposición del Juzgado de Instruccion número 4 de Marbella.

Nunca olvidará las palabras del magistrado: «Pensaba que todo iba a quedar en un mal trago y que cuando le explicara que no tenía nada que ver me dejaría en libertad. Sin embargo, solo me dijo: 'No me cuente usted historias... ingreso en prisión'».

Tomás pasó casi un año en la cárcel de Alhaurín de la Torre, hasta que consiguió salir en libertad provisional el 14 de febrero de 2011. Durante ese tiempo asegura que lo perdió todo, su casa, al no poder pagar la hipoteca, su trabajo y su salud. Eso sí, su mujer y sus pequeñas siguieron a su lado. Ese era su aliento.

Sin embargo, lo pasó «muy mal». Trabajaba sin descanso «para mantener la mente ocupada» mientras un solo pensamiento le rondaba la cabeza una y otra vez: «Entrar en la cárcel sin haber hecho nada te derrota. Dicen que el mundo se te viene encima, pero es el universo».

Su abogada

Tomás recuperó la libertad gracias a su abogada María Jesús Yáñez, «a la que hay que poner en un pedestal». Ella fue la que le defendió en el juicio que se celebró seis años después de su arresto, durante los que tuvo que estar acudiendo a firmar todos los días uno y quince de cada mes.

«No encontraba a nadie que me contratase por ello, pese a que les mentía y les decía que era un testigo protegido en un juicio muy importante. Solo estuve un año trabajando en una empresa en la que no sabían nada, porque tenía un descanso que me permitía llegar a tiempo al juzgado», expone.

Tras celebrarse el juicio en el que le acusaron de ser un aguador –el que avisa a la neumática de si hay policía en la playa–, los magistrados de la Audiencia malagueña por fin le escucharon y declararon probada su inocencia, absolviéndole del delito contra la salud pública por el que le pedían más de media docena de años de cárcel. «Cuando leímos la sentencia nos hinchamos de llorar. Por fin se hacía justicia», recuerda.

La resolución se comunicó en septiembre de 2016 y desde entonces este malagueño lucha por recuperar su vida. Vive con su familia en Alhaurín el Grande y busca un trabajo que nunca llega. Ahora, mientras espera esa indemnización que le permitiría pagar las deudas y seguir adelante, Tomás sigue acudiendo a la playa a pescar por las noches: «Mi mujer no quería que volviera a coger una caña, pero el mar es la única forma de relajarme que tengo. No pienso dejarlo, ya me quitaron demasiado».

 

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