Un juzgado condena a la Hermandad del Rocío por los ruidos y la obliga a insonorizar su sede

El restaurante Skina está a 20 metros de la sede de la hermandad. /Josele -
El restaurante Skina está a 20 metros de la sede de la hermandad. / Josele -

El fallo da la razón al restaurante Skina, que presentó una demanda en 2016 tras años de conflicto

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

La Hermandad del Rocío deberá insonorizar su sede y no podrá realizar sus actividades en la parte antigua del inmueble por las molestias que causa a los vecinos. Esa es la decisión del Juzgado de Primera Instancia número 7 de Marbella, que da la razón a una demanda interpuesta por el restaurante Skina, situado a 20 metros de la fachada del local de la cofradía.

En el fallo, dictado el pasado julio y al que ha tenido acceso este periódico, se señala que la actividad que desarrolla la Hermandad, cuya sede se encuentra en calle Rafina, en pleno corazón del Casco Antiguo de Marbella, genera ruidos que exceden los decibelios permitidos y causa perjuicios tanto al restaurante como a la familia de su propietario, que reside en la planta superior.

En el juicio, que tuvo lugar el pasado 7 de junio, el hermano mayor del Rocío, Santo Pedrezuela, expuso que la hermandad había adquirido un inmueble contiguo, alejado de la calle, para trasladar al mismo las actividades que generan ruido, pero no quedó demostrado que la zona incorporada de esa manera a la sede hubiese sido insonorizada. Por ello, el fallo ordena adoptar las medidas y obras necesarias de insonorización en esas nuevas instalaciones a fin de realizar en ese espacio sus actividades y evitar de esa manera producir ruidos que excedan los límites previstos.

El juez prohíbe a los demandados a realizar esas actividades en la zona interior contigua a la fachada y advierte de que en caso de que no se reduzcan las emisiones de ruidos y las molestias continúen, se acordará el cese de esas actividades.

El proceso judicial que ahora se ha resuelto en favor de Skina, uno de los establecimientos gastronómicos de Marbella que cuenta con estrella Michelin, llegó a los tribunales en septiembre de 2016, cuando su propietario, Marcos Granda, presentó una demanda por contaminación acústica ante el juzgado de guardia tras no conseguir resolver el conflicto por acuerdo con la Hermandad ni con la intervención del Ayuntamiento.

Tras admitirse a trámite la demanda, se celebró una audiencia previa en noviembre de 2018, en la que no hubo acuerdo, por lo que se señaló el acto del juicio para el pasado 7 de junio.

En ese acto, según señala el fallo, quedó demostrado que la actvidad de la Hermandad del Rocío tanto en el exterior como en el interior genera ruido que afecta al exterior y que supera el límite legal, y que esos ruidos provoca molestias a los vecinos, quienes se quejaron al Ayuntamiento sin que éste sancionara a la demandada. Durante el proceso quedó demostrado que el 12 de mayo de 2016 el Consistorio dejó sin efecto el expediente sancionador abierto tras concluir que la prueba practicada no permitía constatar los hechos denunciados ni que hubiera infracción de la ordenanza municipal de protección de los espacios públicos.

Sin licencia

El juez constató también que la Hermandad del Rocío carece de licencia de bar y de autorización para ocupar la vía pública, así como para poner música. «No se ha probado que en la obra se hayan realizado actuaciones tendentes a insonorizar el salón nuevo, ni se haya colocado doble puerta en la fachada ni la adopción de ninguna otra medida de estas características tendente a evitar que el ruido producido en el interior afecte al exterior», señala el fallo.

Tanto en la demanda presentada como en los testimonios de algunos de los testigos que comparecieron en el juicio, quedó de manifiesto que las actividades de la Hermandad provocaban trastornos añadidos en la actividad del restaurante, como el de niños jugando sin control entre las mesas del mismo o los insultos que recibía el propietario del mismo cuando se quejaba ante las personas que estaban en la puerta del local. Sobre este extremo, el fallo señala que la conducta de estas personas no es reprochables a la hermandad.