La incertidumbre

FRANCISCO MOYANO

La certeza es un asunto intensamente perseguido en muchos aspectos de la vida y, como todos sabemos, extremadamente difícil de lograr. La incertidumbre incluso constituye signo distintivo en algunas ocasiones, de manera proverbial en los días de la Semana Santa, que acabamos de dejar atrás. Este año ha respondido a los cánones clásicos: fijación de la mirada hacia el cielo y la necesidad de tomar decisiones basadas en el compromiso de asumir mayor o menor riesgo. Aunque los medios de predicción meteorológicos han avanzado extraordinariamente, alcanzando un fantástico grado de sofisticación, Marbella sigue siendo un territorio al margen de convencionalismos y comportamientos tópicos. Nuestras hermandades se basan en programas y fuentes muy fiables, las mismas que facilitan diagnósticos precisos a organismos militares o a productoras cinematográficas que deben programar rodajes con el menor índice de riesgo de lluvia. Da igual que, de acuerdo a la primera luna llena tras el equinoccio, la Semana Santa se fije en marzo o abril: lo más frecuente es que llueva; las causas son propias de las condiciones climáticas de la atmósfera. Es tan raro que no llueva en Semana Santa como que no lo haga en la feria de San Pedro Alcántara. Cuando una junta de gobierno se ve en el dilema de salir o no a la calle, ante previsiones adversas, se decida en uno u otro sentido, siempre asume un riesgo: salir y que les diluvie o no hacerlo, que no llueva al final, y entonces la lluvia que les moje sea la de las críticas del público. La diferencia es que, en el primero de los casos, el patrimonio cofrade puede quedar gravemente perjudicado. Este año, a pesar de que los diagnósticos eran pesimistas, el riesgo asumido ha hecho que todas las hermandades del término municipal hayan salido. La excepción fue el domingo de Resurrección cuando se decidió no salir, adoptándose la resolución a una hora temprana, no pudiéndose adaptar a la evolución de los pronósticos a lo largo de la mañana. Menos mal que no ha habido «llanto cofrade» por haberse quedado en casa y tampoco porque la lluvia haya hecho estragos en los enseres. La Semana Santa de 2019 es ya parte del pasado, pero la incertidumbre continúa presente porque la ciudadanía se encuentra a las puertas de dos convocatorias electorales y el grado de indecisión, unido al estrepitoso fracaso de las encuestas en las elecciones andaluzas, abona la ausencia de cualquier tipo de certeza; habrá que esperar a la noche electoral para desvelar el misterio y, posiblemente, adentrarnos en otra incertidumbre: las estrategias de pactos para gobernar. Precisamente la campaña electoral ha coincidido con la Semana de Pasión y en Marbella, en mi opinión, el comportamiento de los políticos ha sido modélico, aunque ya se sabe que la tentación siempre acecha. Estos comicios generales, fluctuantes en el establecimiento de sus fechas según necesidades o conveniencias de quien gobierna, mantienen, de momento, en baja intensidad la cita de mayo para renovar los ayuntamientos. Un mes escaso dispondrán los partidos-y parece que una agrupación de electores- para convencer a los votantes de que su programa es el mejor. En cuestión de programas sí que hay carencia de certezas porque lo que se dice cumplirlos, no se tiene constancia de grupo alguno que resista la prueba del algodón. Pero ya se sabe de la doctrina imperante que mantiene un claro divorcio entre lo que se dice en campaña y lo que se practica cuando se gobierna. El capítulo de incertidumbres se incrementa ante citas electorales a la hora de saber qué pasará con determinadas iniciativas en caso de cambio de signo ideológico en la plaza de los Naranjos. Se dan acontecimientos que surgieron con vocación de permanencia -única manera de que alcancen repercusión y se consoliden- pero sobre los que no se establecen pactos por encima de vaivenes políticos; quedan, por tanto, a la voluntad de quien gobierne. Casos como el «Festival Mar poética», en Marbella, o la abundante programación escénica en San Pedro, son claros ejemplos de esa falta de certeza. En estos casos la respuesta no está en el viento, sino en los resultados que salgan de las próximas citas electorales. Vivimos en la incertidumbre y parece que no es una situación exenta de morbo.