difícil convivencia

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

Convivir, esto es, vivir en compañía de otro u otros, una frase que recuerda una célebre contenida en sentencia condenatoria, es siempre difícil. No debería serlo porque pertenecemos a una especie gregaria que hace mucho descubrió que reunirse era garantía de supervivencia y que no existía alternativa. Pero mientras cada uno pretenda hacer lo que le da la gana precisamente en el momento que cree oportuno las dificultades aparecen solas. En el fondo, lo que cada uno desea de verdad es el contar con un semejante que se pudiese desenchufar a voluntad. Cuando me apetece, lo pongo en marcha, como un aparato de ésos que nos rodean, y cuando me aburro, lo apago y queda ahí, estático y preparado para volver en el momento que yo lo desee. Mientras, no molesta, no pide de comer, no expresa voluntad, no se queja, no cela, no sufre ni hace sufrir. La robótica que tanto avanza y amenaza con invadir campos reservados para los humanos donde nos sentimos indispensables, llegará a producir estos compañeros ideales que, además, vendrán dotados de una inteligencia artificial que permitirá que se adapten a las necesidades de su, digamos, dueño. Así los habrá románticos, prácticos, alegres, melancólicos. Nos recitarán poesía, nos contarán cuentos, darán las noticias, cantarán como la Callas, escribirán artículos para nosotros, discursos y nos prepararán las clases aunque ya nadie asistirá ¿para qué? Cuando se puedan adquirir en cómodas cuotas mensuales, se acabarán los problemas de la vida doméstica y la violencia de género.

Pero hay otra convivencia que está probando ser dificultosa. No sé lo que diría el barón Drais si resucitase. Un invento tan simple tardó siglos en ver la luz. La rueda como medio de transporte lo precedió varios milenios pero a nadie se le había ocurrido que no se necesitaba ni de bestias ni de empujones para avanzar. Que con los pies se impulsaba estupendamente. Es cierto que don Karl no le puso pedales al artilugio y fue algún colega avispado el que ´se los agregó con la cadena de trasmisión. Otro aportó el eje delantero que permitía la maniobra sobre la marcha. Todo lo demás que hoy vemos viene de añadidura. El año pasado debimos haber celebrado el bicentenario de su aparición en escena pero no me enteré de esta conmemoración. En estos dos siglos ha conocido la bicicleta épocas de oro y de ostracismo fundamentalmente motivadas unas y otras por el avance de los automóviles, su popularización alarmante que ha transformado las ciudades en auténticas selvas y por el precio siempre ascendente del combustible. Dicen que uno de cada siete habitantes del planeta tiene a su disposición uno de estos vehículos lo que significa que podemos contar con más de mil millones en el mundo, para el transporte, el trabajo y también para la diversión. En la India, por ejemplo, el moverse sería imposible si no se utilizasen. Es que hay muchos indios ¿sabe Ud.?

Ahora vuelven a estar de moda. Como en los años cuarenta y cincuenta cuando había guerra y la gasolina escaseaba. El problema hoy no es de escasez sino de precio y también de congestión y aparcamiento. A un ingenioso promotor se le ha ocurrido alquilarlas al por mayor. Según tengo entendido, en Marbella se ha jorobado el invento, no por obra de las autoridades sino por acción de los gamberros. La idea es pagar una cuota periódica con lo que se tiene acceso a la más cercana que está en cualquier calle esperando que alguien la utilice por el tiempo que la necesite y la abandone en otro sitio donde la recogerá otro usuario. Hay otros sistemas más sofisticados que exigen lugares específicos de entrega y recogida y supervisión de las autoridades. Y otros vendrán gracias a la imaginación. ¡Qué distinta se nos antoja esta situación de la que vivimos nuestra generación con la ilusión de la primera bici, aros 24, 26 y 28, para chicos y chicas, con una estructura diferenciada por la barra entre el manubrio y el asiento, que recibíamos como un tesoro porque nos cambiaba la vida y la incorporábamos a nuestro ser como el caballo del conquistador que parecía constituir una sola unidad.

Los carriles bici -ciclovías, en  Bolivia, Chile, Colombia. Costa Rica, Cuba, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay- destinados exclusivamente a la circulación de bicicletas siguen siendo una entelequia y aún los pobres no encuentran su sitio. En la calzada se exponen a ser arrollados por un motorizado y en las aceras hacen peligrar a los viandantes.

Especialmente cuando gesticulamos.

 

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