David contra Goliat

David contra Goliat

La lucha por salvar el castaño santo de Istán se libra contra el gigante de la indiferencia

CATALINA URBANEJA ORTIZ

Jesucristo dijo, según San Mateo, que, con algo de fe, se le podría pedir a una montaña «trasládate de aquí para allá» y se movería, porque nada es imposible. Un ejemplo que acuñó la consabida frase «la fe mueve montañas», que solemos aplicar cuando esperamos que algo bueno ocurra, por difícil que resulte, y que nos impide darnos por vencidos.

Traigo a colación esta cita bíblica después de haber asistido al Castaño Santo en la cita convocada el pasado domingo por el grupo de Patrimonio Etnológico y Natural de la asociación vecinal Istán Ahora; de comprobar la sensibilidad que la enfermedad de este venerable anciano ha despertado entre los ciudadanos; de ver cómo, pese al desapacible día víspera del año nuevo, muchas personas acudieron acompañados de sus hijos; y después de conocer las diferentes iniciativas, privadas y colectivas, para que las instituciones, incluido el Defensor del Pueblo Andaluz, se conciencien sobre la necesidad de sanear el árbol. Pero asimismo fui consciente de lo necesario que sería aunar criterios, sumar fuerzas encaminadas a lograr un objetivo común: salvar el Castaño Santo, ya que no todo está perdido, pues mientras exista esperanza y se contemple la posibilidad de evitar la catástrofe, habrá gente aportando su granito de arena para que la suma de voluntades supere a la desidia, al desinterés y al abandono que se han cernido sobre él.

La presencia del largo centenar de personas apoyando la iniciativa de Istán Ahora no responde a intereses políticos ni partidistas, sino a un hecho constatable que evidencia el general descontento con la pasividad de los organismos competentes que, a partir de ahora, no pueden mirar hacia otro lado, desdeñar la presión popular, ni hacer oídos sordos a sus demandas.

Algunos entendidos en asuntos forestales expusieron sus pareceres sobre las fórmulas más acertada para rescatar al castaño, aunque todos coincidieron en la urgencia de instalar un vallado que impida acceder a su tronco, ya que muestra un desgaste tan perjudicial como innecesario. La costumbre de sacarse una fotografía sobre la copa del árbol se ha puesto de moda, acaso con la pretensión de inmortalizar una imagen que tiene los días contados, una práctica que podría frenarse si se hicieran públicos los inconvenientes que este gesto conlleva. Y es que todo lo que gira en torno al castaño es producto de la casualidad, y por ello sobrevive -si a esto se le llama sobrevivir- de puro milagro. Debemos ser realistas y predicar con el ejemplo: salvar el castaño, sí, pero también solidarizarnos con él y respetarlo, aunque sea renunciando al capricho de escalar por sus ramas.

En contraste con la respuesta popular para la denominada «kedada» del 30 de diciembre, se notaron destacadas ausencias. Por ejemplo, las empresas que, sin contraprestación alguna, están obteniendo beneficios paseando a los turistas en cuatro por cuatro para que disfruten de las hermosas panorámicas de aquellos contornos y contemplen extasiados las enormes dimensiones del castaño. Ninguna de ellas aportó un vehículo que facilitara el acceso al lugar de la cita a quienes no poseían un todoterreno, cuando son precisamente las que deberían contribuir en mayor medida para evitar la pérdida de la gallina de los huevos de oro. No estuvieron, pero su ausencia fue suficiente para definir posicionamientos. Asimismo, se echó en falta a representantes públicos, sean municipales, provinciales, autonómicos, etcétera. En resumidas cuentas, ningún organismo consideró de su interés prestar apoyo a un encuentro en el que los ciudadanos demandan a sus representantes que desempeñen el trabajo para el que fueron elegidos, aunque quedó muy claro que sólo se muestran asequibles durante las campañas electorales.

Mientras observaba en aquellas personas la inquebrantable fe para alcanzar el reto y derribar las adversidades, no pude evitar hacer una comparativa histórica cargada de pesimismo. Pensé en la crisis de la filoxera y la negativa del gobierno de aquella época en admitir el avance de una plaga que destruyó los viñedos gracias a su ineptitud para adoptar drásticas medidas. Igualmente me acordé del voraz escarabajo picudo y cómo acabó con los palmerales del Mediterráneo sin que las instituciones hicieran nada por evitarlo, salvo ofrecer una ridícula ayuda para que los propietarios se deshicieran de sus palmeras infectadas; o, más recientemente, ¿alguien se ha preocupado por eliminar el parásito que enferma a las chumberas? Lo dudo, porque lo cierto es que en la provincia de Málaga han desaparecido casi en su totalidad, privando a los consumidores del exquisito higo chumbo. ¿Pasará lo mismo con la avispilla blanca? Según los entendidos, esta especie invasora, procedente de China, se ha extendido por el país y si no se adoptan las medidas necesarias, acabará con nuestros castaños con el beneplácito de nuestros gobernantes. Salvo que esta lucha entre David y Goliat tenga un desenlace similar al del pasaje bíblico.