Comienzo con caracolas

El inicio del curso de secundaria en Marbella, ya con nueva administración en el Gobierno andaluz, va a estar marcado como dato más significativo por unas aulas prefabricadas

Las aulas prefabricadas donde se iniciarán las clases./JOSELE
Las aulas prefabricadas donde se iniciarán las clases. / JOSELE
Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Las aulas prefabricadas fueron durante años mucho más que la demostración de la falta de planificación o, en el mejor de los casos, de la incapacidad de gestión de la Junta de Andalucía en el área educativa. Durante décadas constituyeron el centro de las críticas que con el comienzo de cada ciclo escolar se hacían desde la oposición a la política educativa de la administración socialista en el Gobierno andaluz hasta alcanzar casi la categoría de símbolo. Cuando se quería sintetizar en una sola imagen las deficiencias en la política educativa de la Junta durante aquella etapa la imagen más contundente era la de los niños y adolescentes entrando el primer día de clase en las caracolas y los padres y madres, acompañados en su caso por el concejal de turno si éste era de signo contrario al PSOE, protestando en la puerta.

La paradoja no puede ser mayor. El inicio del curso escolar de secundaria en Marbella, ya con nueva administración en el Gobierno andaluz, va a estar marcado como dato más significativo por unas aulas prefabricadas. Pero no se trata de unas aulas que vayan a ser puestas en marcha bajo la protesta de los padres y madres, sino por exigencia de estos. Tan fuerte ha sido el reclamo que el Ayuntamiento ha accedido a ceder el suelo aún pese al criterio de la responsable municipal de Educación, una docente a la que, con buen juicio, no le parecía buena idea iniciar esta nueva etapa con unas aulas prefabricadas como imagen más significativa.

¿Qué ha llevado a estos padres y madres a reclamar que sus hijos inicien su etapa de formación secundaria en condiciones precarias? Los alumnos proceden del colegio Vargas Llosa, el último colegio de primaria creado en Marbella, que no tenía todavía centro de secundaria de referencia. La zona de Trapiche Norte, donde está ese centro, no cuenta con instituto en la zona, una situación que cabe atribuir en gran medida a la herencia urbanística del gilismo y la consecuente falta de suelo para equipamiento educativo. Los dos suelos señalados para ese fin en el PGOU de 1986 y que lo podrían haber albergado fueron destinados uno a una gasolinera -la situada junto a la estación de autobuses- y la otra al propio colegio Vargas Llosa. Así, cuando llegó el momento de construir un instituto para los alumnos graduados de ese centro y del Xarblanca, situado en la misma zona donde residen familias de clase media y clase media acomodada, no se encontró otra solución que un terreno situado cerca del Hospital Costa del Sol, lo que condenará a los niños de todo Trapiche Norte a pasar gran parte de su tiempo en la carretera durante todos sus estudios secundarios.

Hasta tanto el nuevo instituto de secundaria esté en funcionamiento, los alumnos que fueran saliendo del Vargas Llosa debían haber sido repartidos en diferentes institutos, una situación a la que sus familias se niegan. Han preferido que comiencen sus estudios en instalaciones precarias antes de que sus hijos rompan el círculo social que han construido durante la primaria y se mezclen con alumnos de otras barriadas y procedencias. Nadie, ni en el Ayuntamiento ni en la Consejería de Educación, les ha dicho que posiblemente eso no sea buena idea. El cliente, en esta caso el votante, siempre tiene razón. El abc del populismo.

Deporte y turismo

El pleno del Ayuntamiento de Marbella ha aprobado esta semana una partida de 1,8 millones de euros para el patrocinio de la Copa Solheim 2023, un acontecimiento de primer orden en el mundo del golf por el que la Costa del Sol está pujando.

La promoción de eventos deportivos por parte del Ayuntamiento ha sido objeto en los últimos años de polémicas ciertamente equívocas. Posiblemente el origen de la controversia haya que buscarlo en la confusión acerca del objetivo que se persigue cuando la ciudad se ofrece para albergar pruebas de relevancia internacional. La Copa Davis, el Iron Man, el Padel Tour o en este caso la Copa Solheim son acontecimientos deportivos, pero lo que se persigue cuando se opta a ser sede es un fin de promoción turística. Cuando la ciudad se implica en este tipo de eventos debe hacerlo con cargo a los presupuestos de turismo, no a costa de los (exiguos) recursos que se destinan al deporte.

Dicho lo cual, posiblemente estemos a las puertas de un nuevo debate absurdo. Durante el debate en pleno y también tras la aprobación del punto, el PSOE ha exigido al Ayuntamiento que garantice que si destina esa importante cantidad de dinero el evento se celebre en un campo de golf de Marbella, no de Benahavís. Parece que otra vez estamos a punto de iniciar una nueva polémica estéril con el municipio vecino como invitado de piedra. ¿Tiene realmente importancia a efectos turísticos que el torneo se celebre más allá o más acá de los límites del término municipal de Marbella? ¿En hoteles, restaurantes y comercios de qué municipio gastarán su dinero quienes lleguen a disfrutar de este acontecimiento deportivo?

Para crear polémicas que puedan reportar algún rédito no hay como exarcebar los localismos más absurdos. Como decíamos más arriba, el abc del populismo.