Comienza la batalla de san pedro

El PP necesita distanciarse de su socio de gobierno para conservar a su electorado en un distrito clave

Comienza la batalla de san pedro
Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

No faltaba ni el dron. El Partido Popular de Marbella preparó ayer con todo detalle la foto de familia de su candidatura al completo para las elecciones municipales con el acompañamiento de su presidente provincial, Elías Bendodo. Detrás, la Torre de El Cable y algunos bañistas que miraban sorprendidos tantas chaquetas bajo el sol y tacones hundidos en la arena completaban el paisaje. Ángeles Muñoz explicó la elección del escenario: «Hemos querido escoger un lugar muy emblemático, como es esta playa, para reivindicar el carácter de Marbella en toda su dimensión, desde San Pedro hasta Las Chapas, porque a nosotros no nos gusta separar, nosotros somos de integrar». Si alguien espera que en las seis semanas que restan hasta las elecciones municipales haya algún acto del Partido Popular en el que no se escuche un mensaje que marque distancias con Opción Sampedreña va descaminado.

El distrito de San Pedro Alcántara apenas alberga a un 30 por ciento de los electores de Marbella, pero su comportamiento electoral es decisivo a la hora de poner y quitar alcaldes en la ciudad. A partir de 2007 y en tres elecciones sucesivas, el PP consiguió convertirse en la lista más votada en elecciones municipales. Lo hizo a partir de conseguir la victoria en ese distrito clave donde los comicios de ámbito estatal y autonómico suelen reflejar una gran fortaleza del Partido Socialista.

En las elecciones municipales, sin embargo, no suele ser el PSOE quien disputa con el PP la supremacía electoral en el distrito, sino Opción Sampedreña. Una lectura comparativa de los diferentes resultados electorales permite concluir que la mayor parte de los votantes de OSP provienen del electorado socialista. Por eso, una de las incógnitas con las que se presentan estas elecciones es saber si esos votantes mantendrán su confianza en la formación localista después de que ésta rompiera el pacto de gobierno con PSOE e IU para firmar hace dos años la moción de censura que devolvió a Ángeles Muñoz el bastón de mando.

Esta semana ya se vio cuál será la estrategia electoral de Opción Sampedreña: redoblar la apuesta y subir el listón de exigencias para integrarse en un nuevo gobierno. Perdida judicialmente la batalla de la segregación, aseguran que no pactarán con quien no acepte iniciar los trámites para declarar a San Pedro Entidad Local Autónoma.

Todavía es pronto para hacer vaticinios, porque la aparición de nuevos actores –aunque todavía se desconozcan inexplicablemente sus nombres– no permite hacer pronósticos con una mínima base de fundamento. Sin embargo, no resulta alocado aventurar que es muy difícil que el futuro paisaje político vuelva a colocar a Opción Sampedreña en la posición ideal que los resultados electorales le regalaron en 2015, cuando su condición de factor decisivo para inclinar la balanza a izquierda o a derecha le permitió dejarse cortejar por ambos para después pactar con unos y finalmente cambiar de compañero de viaje en mitad de la travesía.

Es posible que esa situación no se repita. En primer lugar porque la configuración de la corporación municipal será diferente, pero también porque el periodo que está acabando ha dejado cicatrices visibles y porque, además, nada garantiza que los partidos que irrumpen no vayan también a intentar seducir a los votantes de OSP. Es muy probable que no alcance con sólo dos grupos para formar el nuevo gobierno.

Posiblemente por todo ello, pero sobre todo porque no puede permitirse una deserción en masa de sus votantes sampedreños –alérgicos a cualquier veleidad secesionista y muy críticos con la gestión de OSP desde la Tenencia de Alcaldía y también con la autonomía absoluta de la que disfrutó– la alcaldesa ha comenzado a marcar distancias con sus socios de gobierno.

Cuando Ángeles Muñoz eligió como número dos de la lista –lugar que tradicionalmente reserva a un candidato de San Pedro– al edil Cristóbal Garre, uno de los concejales con más bajo perfil político del equipo de gobierno y al que es imposible imaginar confrontando con nadie, pareció que no iba a hacerlo. Pero fue un espejismo. Bastó escuchar el primer discurso electoral para advertir que ha entendido que si no se aleja de sus socios de gobierno se acabará alejando de sus votantes. Sabe que contemporizando con OSP su electorado no se movilizará. O, lo que es peor, se movilizará hacia quienes vienen con decisión a por un gran trozo de su tarta.